Más de 730 días después y continúa sufrimiento por daños del desborde

Más de 730 días después y continúa sufrimiento por daños del desborde

Desde aquel 27 de marzo del 2017, el sufrimiento por el desborde del río Piura se mantiene a flor de piel por el sufrimiento de los piuranos afectados.

En ese escenario, la promesa de más transferencias y reparar el 80% de lo dañado en este año, suena a más de lo mismo.

“Hemos vuelto al colegio que se inundó en Pedregal Chico de no menos de 6 aulas […] tiene observaciones de Lima y llegan los dos años y no se reconstruye. Están con módulos donados por la cooperación internacional y los que han hecho los padres de familia”, declaró el representante en Piura de la Defensoría del Pueblo, César Orrego.

Agrega que los anuncios de transferencia no bastan.

“Estamos haciendo varias visitas a la región que ponen de manifiesto el poco avance, más allá de las obras, en el derecho de las personas. [Esto] no solo se resuelve con transferencias […]hay otros problemas que se deben resolver para mirar al ser humano, las personas están sufriendo y no gozan de los derechos fundamentales. Eso es una obligación de primer orden”, declaró.

Más de lo mismo

Para el decano del colegio de Arquitectos, Pablo Zegarra el anuncio de reconstruir el 80% del daño en este año, es más de lo mismo.

Como se informó, el director de la Autoridad para la Reconstrucción con Cambios (ARCC), hizo este anuncio el lunes 25.

“Es más de lo mismo. La verdadera reconstrucción se dará cuando tengamos los documentos necesarios […] como el plan maestro de evacuación de aguas”, comentó.

Puras promesas

De otro lado, desde el campamento de San Pablo, las promesas se siguen acumulando entre la población.

“Se nos prometió los módulos de vivienda y las vías de acceso y ninguna se ha hecho. Ya son dos años y no tenemos nada”, comentó el dirigente Cristóbal Timaná, representante de las familias damnificadas.

La promesa era la construcción de 648 módulos de vivienda y habilitar más de 1 km de vías de acceso.

Pero esto no es lo único que olvidó el Estado. Tanto el agua como los servicios higiénicos fueron obra de la cooperación internacional.

“El agua que tenemos en los albergues es de la ONG COOPI. Tenemos rotoplast en diferentes sitios e incluso puso letrinas. No tenemos luz, pese a que el Ministerio de Energía y Minas nos dijo que ya autorizaron a Enosa para los trabajos”, dijo.

Otro problema es que las aulas prefabricadas donadas por la cooperación fueron retiradas por supuestas personas del Minedu.

Agrega que de las más de 600 familias originales, solo quedan 320. El resto regresó a sus antiguos hogares que se inundaron al perder la esperanza en el Estado.

“Del Estado no hemos recibido nada, solo las carpas que ya están deterioradas y se utilizan como cuarto para descansar. Necesitamos mucho”, indicó.

 

Por: Frank García Guerrero
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