En efecto, a 21 días para las elecciones generales, el elector piurano parece que camina a ciegas hacia las urnas, como lo revela con inquietud el último simulacro de votación con cédula y ánfora realizado por ICSI Perú en la región Piura dejando en claro que el sistema diseñado para estas elecciones es un “rompecabezas” que ni los partidos ni el ente electoral han logrado explicar con claridad.
En el simulacro de elección con cédula y ánfora, tres hallazgos desnudan la fragilidad del proceso de elección general. El primero una confusión generalizada de los electores ante la cédula “sábana”; en segundo lugar un bolsón nada despreciable de indecisos que alcanza el 37.5% de los votantes en el simulacro, y en tercer lugar, irónicamente, un fujimorismo que, pese al desgaste y la campaña de odio, logra mantener su vigencia estructural en la región.
Formato indigerible
Para Mauro Vegas Carmen, gerente de ICSI Perú, la enorme cédula de sufragio es una carrera de obstáculos. Con 38 organizaciones políticas en competencia y símbolos que carecen de números guía, el votante promedio ha demostrado que se pierde o confunde. El documento es un despliegue de cinco columnas -Presidente, Senadores Nacionales, Senadores Regionales, Diputados y Parlamento Andino-, que exige una memoria prodigiosa para el voto preferencial.
“Hemos podido conocer con el estudio que el ciudadano llega a la cámara secreta y se bloquea, pues obligar al elector a memorizar números de candidatos en listas de hasta 30 postulantes es, en la práctica, empujarlo al error”, advierte Vegas Carmen.
Errores letales
El simulacro de votación con cédula y ánfora detectó vicios recurrentes que invalidarán miles de votos si no se corrigen:
- Votos incompletos: Muchos electores marcan la columna presidencial y abandonan el resto de la cédula, ignorando las instancias legislativas.
- Marcas inválidas: El uso de “X” o cruces fuera de los recuadros o en espacios en blanco anulan automáticamente el sufragio según la norma.
- El peso del logo: Ante la confusión, el elector se refugia en lo conocido. Los símbolos históricos o con figuras mediáticas llevan ventaja, mientras que los partidos nuevos son prácticamente invisibles en el papel.
Alerta de emergencia
Lo que advierte ICSI Perú con este simulacro es una estocada a la estrategia de los candidatos y los partidos políticos: la campaña no puede ser solo promesas; debe ser pedagogía de supervivencia. “Estamos ante las elecciones más complejas de la historia reciente. Si los partidos no activan una capacitación de emergencia para enseñar a marcar la cédula, el ganador del 12 de abril no será un candidato, sino el voto nulo”, concluye Vegas. La suerte está echada, pero el elector aún no sabe cómo anotarla en el tablero.
“Si el elector no aprende a usar la cédula, puede terminar votando mal o anulando su voto sin darse cuenta. Estas serán unas de las elecciones más complejas de los últimos años y la clave estará en quién logre enseñar mejor cómo votar”, concluyó.
La aceitada maquinaria fujimorista
A juzgar por la data histórica y los recientes simulacros, la región Piura se perfila nuevamente como el gran motor electoral de Fuerza Popular. Con Keiko Fujimori en campaña permanente y su círculo íntimo en la lista de diputados, el partido naranja busca repetir la hegemonía del 2021. Según el análisis de la data histórica, la distribución de curules para este 2026 apunta a calcar el escenario del 2021: un tablero dominado por las marcas tradicionales y aquellas organizaciones que poseen una logística capaz de cubrir cada rincón de la región.
En este ecosistema, Fuerza Popular corre con ventaja. Su estrategia no es azarosa; se concentra en los tres núcleos urbanos que históricamente le han dado oxígeno: Piura, Sullana y Chulucanas. Estos grandes bolsones electorales son el objetivo de una Keiko Fujimori que ha convertido la región en su segunda casa, desplegando recorridos constantes que refuerzan una marca política pulida durante 15 años de campaña ininterrumpida.
Los indecisos
Sin embargo, el hallazgo más gravitante del simulacro con cédula y ánfora no está en los rostros que encabezan las barras, sino en el 37.5% de piuranos que aún se refugian en la indecisión o el voto en blanco. Este masivo “bolsón de silencio” revela que, a pocas semanas de la cita con las urnas, ningún candidato ha logrado conectar con las urgencias reales de la región.
Este caudal electoral no es estático; es un voto flotante que, de ser seducido por una estrategia de última hora, tiene la capacidad de dinamitar la actual “foto” del estudio. En un escenario donde las distancias entre los primeros lugares son cortas, quien logre capitalizar este descontento o capturar la atención de los indecisos no solo cambiará las estadísticas, sino que se convertirá en el verdadero dueño de la victoria el 12 de abril.






