Lo que ocurre cuando no hay controles

El lamentable suicidio del ‘burrier’ coreano Kim Jungkee en una carceleta de la División Antidrogas de Piura permite que nos hagamos varias preguntas acerca de los controles que existen desde los aeropuertos del país hasta en las propias celdas.

En el aeropuerto de Piura, por ejemplo, extraña que no funcione un escáner que permita detectar el transporte de droga a tiempo, sin que los pasajeros tengan que abrir sus maletas para reportar si entre sus pertenencias llevan alguna sustancia o materia ilícita. Ciertamente, contamos con un terminal aéreo moderno, pero esta ausencia sí merma considerablemente la seguridad y contribuye a que Piura siga siendo considerada una zona franca para el tráfico ilícito de estupefacientes.

Es necesario que la modernización también se vea en los controles, en la vigilancia, en la lucha contra los ilícitos. No hablamos solo para el caso de la persecución al delito vinculado a las drogas, sino también al transporte irregular de armas que podría desencadenar también una horrible tragedia en pleno vuelo.

Es cierto que hoy en día existen suficientes artimañas para burlar a los rayos X y escáneres; no obstante, estos elementos siguen siendo indispensables en cualquier aeropuerto para detectar los cargamentos sospechosos, mucho más ahora que los ‘burriers’ son dejados de lado para apostar por las “narcoencomiendas”.

Otro asunto es la seguridad dentro de las instituciones policiales: es inaudito que aún en esta época un detenido pueda ingeniárselas para atentar contra su propia vida en un ambiente en el que, se supone, debe imperar la vigilancia permanente. Aeropuertos y cárceles no nos han ofrecido muchas garantías en los últimos días.

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