Las últimas defensoras del algodón pima

Las últimas defensoras del algodón pima

El pasado martes se cumplieron dos años de la muerte de César Zapata Alzamora. Él cayó víctima del COVID-19 y con él se fue parte de la ardua tarea de volver a posicionar el algodón Pima en el mundo.

Su hija Diana ha heredado la tierra de Zapata y parte del conocimiento del mercado del mundo del algodón. Ella lo acompañaba buscando a los clientes para vender el producto en el exterior.

Sin embargo, poco está logrando porque el trabajo en el campo requiere, no solo de conocimiento, sino de que los productores entiendan que para ser fuertes tienen que unirse.

“Me ha pedido que envié, por lo menos las muestras de seis productores para hacer una buena compra, pero no se logra”, dice Diana.

En efecto, al mercado internacional no se le puede vender unos cuantos quintales. Necesita volumen y calidad y, eso no se logra porque el productor sigue desconfiando de las organizaciones. César Zapata logró enviar el algodón a Europa y Asia. Hoy, parece que la pequeña producción de Pima se quedará en el Perú.

Según la data de la Dirección Regional de Agricultura, este año se han sembrado dos mil hectáreas de Pima. Hay quienes piensa que son menos, porque la inversión, calculada en 13 mil soles se ha incrementado a quince, con lo cual la rentabilidad disminuye.

El abandono del Estado

Mientras algunas personas todavía buscan rescatar la fibra que le dio riqueza a Piura, el Estado se ha olvidado de los productores. Conseguir créditos es una tarea muy difícil y cuando ya está la cosecha los acopiadores se llevan el producto, sin arriesgar nada.

Ellos venden a las desmotadoras y estas exportan el producto. César Zapata luchó para romper esta cadena. Su sueño era exportar hilos de algodón Pima. Tenía contactos con diseñadores como Armani para lograr, por lo menos, en un primer paso vender la fibra directamente. Su sueño lo truncó el COVID-19 y su hija intenta retomarlo.

Mano de obra

Aunque todavía queda mano de obra en el campo, la situación económica obliga a buscar formas más eficientes para las labores del campo. Hoy la fumigación se realiza con drones, con lo cual se ahorra tiempo y la aplicación del insecticida es más eficiente.

“En una hora se fumiga una hectárea”, dice Persy.

En efecto, este método se está utilizando en diferentes cultivos. Sin embargo, labores como el deshierbo, riego y la paña siguen siendo manuales.


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