Las malas noticias

Las malas noticias

Los tres diarios de Piura los tengo debajo de la puerta de mi casa, bien tempranito. Casi ni bien raya el día. Los cojo y los pongo a un costado de donde me siento para ponerme a escribir. Una tarea que también empieza antes de que asomen las primeras luces de la mañana. Lo que me absorbe a esas horas es una columna periodística virtual que cuelgo todos los días en mi muro con este título: “Palabras sueltas”. Cuando la termino de escribir recién, entonces, me abalanzo sobre esos tres diarios. Lo primero que hago es simplemente hojearlos. Después viene lo otro. La lectura selectiva de cada uno de ellos.

Pero adonde quiero ir es a lo siguiente. Cada vez hay más gente en Piura que coge un diario local sobresaltada. Si no es una cosa es la otra. Pero por lo general abundan más las malas noticias que las buenas. En el terreno policial, por ejemplo, el tema del sicariato se ha puesto por delante. Mediante esta modalidad casi a diario se asesinan a personas aquí en Piura. El último en caer ha sido un prestamista de nacionalidad colombiana y quién sabe si cuando esta crónica aparezca ya haya otra muerte sumándose a la del colombiano.

Lo de menos es saber cuántos asesinatos de este tipo se llevan ya cometiendo en Piura. ¿Para qué? Como decía Mark Twain: “Hay tres clases de mentiras: las mentiras, las malditas mentiras y las estadísticas”. En todo caso que estas sirvan para algo. Hasta ahora no parecen haber encendido todas las alarmas de emergencia que ya deberían escucharse para que se tome conciencia del infierno al que descendería Piura si esto no se para ya.

Y la cuenta de malas noticias sigue. En otros planos, las aprensiones casi son las mismas aunque las razones difieran y el averno también. Con el actual gobernador los piuranos andan divorciados. Cuando los matrimonios se rompen el argumento socorrido para justificar dicha ruptura es el de siempre. Aquel que habla de “incompatibilidad de caracteres” así esto no sea cierto. Lo que hay con Servando es más bien enojo, encono, desilusión. Y la razón es bien simple. El piurano se siente engañado y estafado por él y hasta le saca la lengua cuando desoye sus reclamos. ¿Qué estarán pagando los piuranos con Servando?

Este domingo 26 cuando abramos los periódicos esperemos que los resultados del día anterior nos digan que esta vez sí acertamos con nuestro voto.


Escrito por: Segundo Infante
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Segundo Infante

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Periodista