Las injustas contradicciones

Las injustas contradicciones

Definitivamente estamos viviendo en el Perú un tiempo muy especial que irrumpió en nuestro diario existir como una avalancha de sentimientos encontrados y con la curiosidad al ver como un virus maligno apareció en China se propagó por el Viejo Mundo en un abrir de ojos para luego arribar a nuestro continente, al Perú y finalmente a Piura.

El denominado COVID 19 (que pocos saben porque tiene ese nombre y ese número) apareció aquí con una amenaza mortal contra toda la población ante la cual el gobierno de entonces decretó una cuarentena en la segunda quincena del mes de Marzo que paralizó a la región y al país entero con su carga de muerte, miedo, pobreza, desocupación y otros males sociales. Desde entonces hasta hoy los meses pasaron inexorablemente en las mismas condiciones de inestabilidad sanitaria y ahora con más miedo que antes por la llamada “segunda ola” que parece inminente.

En este telón de fondo subsistimos en medio de una serie de contradicciones de diverso tipo que aumentan el riesgo y confunden más a los ciudadanos. Por ejemplo: se condenan y prohíben (con mucha razón) las reuniones familiares y sociales que crean riesgos y multiplican los contagios ; pero, sin embargo, el Estado permite la formación de largas “colas” en la vía pública de miles de personas frente a las oficinas del Banco de la Nación para recibir los bonos asignados a los más pobres.

Una aglomeración de personas, que muchos hasta duermen en las veredas desde el día anterior para lograr una opción de pago pero lo hacen sin conservar “la distancia social”, ni el lavado de manos y muchas veces sin usar mascarillas. A ello hay que agregar que no hay servicios higiénicos públicos y la contaminación así aumenta. No se ha podido articular otro sistema de pago pese a los progresos de la tecnología que hay en este país para no exponer al contagio del virus a estas personas (muchas de ellas adultos mayores) ni se ha ordenado al Banco de la Nación abrir más ventanillas de pago.

Se prohíbe el acceso a las playas marinas con medidas sancionadoras pero se ha aplaudido a las marchas de jóvenes de la “Generación del Bicentenario” y adultos en las calles de nuestras ciudades en las que obviamente no se respetaban los protocolos sanitarios. Si bien es un derecho cívico, de todo ciudadano, expresar opiniones y protestas en contra de un político o de una ley, dadas las circunstancias de grave riesgo que existen, no debieron realizarse porque según los epidemiólogos fueron oportunidades de contagio cuyas consecuencias se están experimentando.

El Estado que actúa como tutor de la salud pública no debe contradecirse permitiendo que el único banco estatal que administra los recursos del erario nacional imponga a los más pobres el sacrificio de soportar interminables colas que duran muchas horas bajo el sol, la lluvia y la exposición al peligro. Esto tiene que cambiar porque tenemos pandemia para rato.


Escrito por: Manuel Antonio Rosas C.
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Manuel Antonio Rosas C.

Manuel Antonio Rosas C.

Abogado y especialista de temas culturales. Es presidente del patronato de cultura de Piura.