La teoría del doctor Checkley

La teoría del  doctor Checkley

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Sigifredo Burneo Sánchez
Docente Principal Unp

Una avalancha de temor estremece nuestra conciencia ciudadana ante los espeluznantes acontecimientos de la delincuencia, tanto organizada como ocasional. Una sutil esencia tóxica de maldad incontrolable se desliza subrepticiamente ya no solo en callejones de vida nocturna o en  plazas solitarias, sino en pleno centro citadino y bajo la tradicional luz solar que incendia el mediodía piurano.

La sospecha, la incertidumbre, el miedo, escalan posiciones rápidamente ante el lamentable sentimiento de impotencia que se propaga atravesando todos los grupos sociales y todas las divisiones geográficas de la región.

En tales circunstancias no resulta extraño escuchar las voces tremebundas de los radicales, quienes claman por intervenciones militares y penas de muerte.

Hay que ponerse en su lugar: han tenido parientes queridos que han resultado afectados, heridos o muertos por el vandalismo delincuencial.

Son voces que esgrimen su dolor humano como argumento, en su opinión, irrefutable; pero, no hay que perder la cordura, la racionalidad. El pensamiento católico y los procesos de evolución jurídica nos obligan a reflexionar, a meditar un momento antes de incurrir en acciones que luego se pueden lamentar con mayor dolor.

Escuché, en una entrevista radial, al Dr. Juan Carlos Checkley Soria, Presidente de la Corte Superior de Justicia de Piura, manifestar muy cuerdamente su evaluación del problema y me permito comentarla porque apunta a los ejes vertebrales de la problemática que nos acongoja. Él ha manifestado que son tres temas esenciales los que deben ser tratados: la familia, la educación y el trabajo. Es cierto: una represión severa puede aliviar transitoria y superficialmente el problema, pero no va a eliminarlo. En cambio, una estrategia sostenida desde la formación familiar y educativa, apuntalada con trabajo familiar digno, puede permitirnos avizorar con esperanza el futuro. Necesitamos una ciudadanía fortalecida en valores sociales de mutuo respeto y consideración.

Esta es una misión de importancia vital para las autoridades políticas y sus asesores: trazar planes que aseguren la tranquilidad ciudadana del presente y del futuro.    

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