Editorial: La prensa y la desconfianza

Editorial: La prensa y la desconfianza

Pedro Castillo, contra sus propias palabras y la de sus abogados, acudió a la Fiscalía a declarar por las investigaciones en su contra.

Si de esta manera se pretende restablecer un vínculo sano y de confianza con la ciudadanía, el gesto es insuficiente: en las últimas 24 horas las especulaciones sobre una posible fuga del mandatario en México o bajo el amparo de cualquier otro gobierno ideológicamente afín impedían ver la situación desde otra perspectiva que no sea la de la sospecha. Hemos caído en el fango de la desconfianza y la ingobernabilidad.

Naturalmente, era de esperarse que Castillo, sus adictos y sus abogados culparan de esta situación a la prensa. Se acusa a la prensa de mentir: ¿desde cuándo informar es mentir? ¿Desde cuándo vigilar la conducta del presidente de la república o de sus colaboradores es mentir o acosar o perseguir políticamente? Desde luego que la información tiene un objetivo político: construir una sociedad independiente que cuestione los discursos del poder -e incluso el discurso de los medios masivos-, que ejerza su derecho a crítica con la conciencia plena de que este es el camino del mejoramiento y el progreso colectivo. Pero esto no es comprendido ni deseado por aquellos regímenes que esconden bajo discursos y aparentes buenas intenciones sus afanes de lucrar con el dinero público o las esperanzas de una nación.

Es indudable que en esta gestión un grupo se organizó para repartirse beneficios ilícitos; el presidente Castillo niega ser el cabecilla de esta banda, pero eso solo lo puede determinar la justicia y no su sola palabra. Mientras tanto, el periodismo tiene el deber de dar a conocer los detalles que podrían incriminar o absolver al mandatario. Para desgracia de Castillo, hasta el momento toda la información lo pone en un lugar difícil y repudiable.
Al cierre de esta edición, el Congreso había decidido negarle al presidente el permiso para viajar a Colombia, ante el temor de una fuga. Ya lo vimos en el pasado con Alberto Fujimori. No queremos pasar por otro trauma político semejante. Al menos en ese aspecto, que para algunos podría parecer trivial, aprendamos de la historia y no cometamos errores. ¡Y pensar que es precisamente el trabajo de la prensa el que custodia la memoria nacional!

 


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