La inversión pública y el su potencial de desarrollo en Piura

La inversión pública y el su potencial de desarrollo en Piura

Milton Von Hesse, director de Videnza Consultores y exministro de Agricultura para El Tiempo.

En la década de 1950, el economista norteamericano Robert Solow desarrolló un modelo teórico que vinculó el crecimiento económico con la acumulación de capital o, de manera más simple, con la inversión.

En términos simples, Solow (galardonado con el Premio Nobel de Economía por este trabajo) postulaba que el crecimiento económico de un país dependía -entre otros factores- de cuánto podía aumentar su acumulación de capital cada año; es decir, en cuánto podía incrementar su inversión, pero -sobre todo- de cuánto podía mejorar la calidad de dicha inversión.

La conclusión de Solow era que, si bien es importante aumentar la inversión para crecer más, tanto o más importante que la cantidad era su calidad.

En 2015, un estudio realizado por el Fondo Monetario Internacional encontró que aquellos países que tenían una institucionalidad pública adecuada para manejar de manera correcta los recursos públicos de inversión generaban el doble de impacto en el crecimiento del PBI que aquellos que no tenían dicha institucionalidad.

Por buena institucionalidad se referían a tener un buen planeamiento vinculado al cierre de las principales brechas, disponer de buenos técnicos calificados, desarrollar procesos administrativos sólidos pero simples y, en general, crear un ambiente favorable para implementar las mejores prácticas.

En el Perú, la creación del antiguo Sistema Nacional de Inversión Pública a inicios del 2000 y su modificación posterior a fines del 2016 han sido esfuerzos importantes liderados por el MEF orientados a mejorar la calidad de la inversión pública con la finalidad de elevar la calidad de vida de los ciudadanos.

Aunque no existen estudios específicos en el país que vinculen calidad de la inversión pública con el crecimiento económico, se ha observado en las últimas décadas que la gran disminución de la pobreza desde mediados de los 90s a la actualidad (de más del 50% hasta el 20% en el período prepandemia) estuvo muy vinculada al cierre de brechas de infraestructura en salud, educación, agua y saneamiento, y electrificación, entre otros.

En las últimas dos décadas se ha podido apreciar que no siempre tener más dinero, conlleva mejores procesos de ejecución de la inversión pública como lo ha demostrado de manera contundente la experiencia de distritos pobres del Perú que tuvieron mucha plata como consecuencia de las rentas mineras pero que gastaron muy mal (estadios de fútbol, plazas de toros, coliseos cerrados, piscinas temperadas y, el favorito, palacios municipales) y, por lo tanto, no generaron ni crecimiento ni bienestar para sus poblaciones.

Piura, en los últimos años, ha ejecutado un bajo porcentaje de sus recursos de inversión a diferencia del otras regiones. La pregunta que queda pendiente de respuesta, y es un reto para los economistas de la región, es si esa plata se invirtió bien y se ha reflejado en un mayor bienestar de los piuranos o, alternativamente, se pudo haber hecho mejor.


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