La corrupción puede evitarse

La corrupción puede evitarse

Estudios científicos del University College de Londres publicados en “Nature Neuroscience”, demuestran que el cerebro humano es capaz de adaptarse a la deshonestidad. Los actos de corrupción empiezan siendo pequeñas transgresiones llegando a grandes delitos. El corrupto empieza poco a poco y va en aumento cuando no es corregido a tiempo.

Los adultos permiten mentiras y acciones incorrectas de los niños por considerar que no se dan cuenta o es una travesura. A veces celebran como si se tratara de una viveza hacer trampas en el juego, mentir para sacar provecho o evitar la reprimenda, echar la culpa a otro de lo que hace, llevar a casa un objeto de otro porque le gustó o el cuaderno del compañero para copiar la tarea, sin pedir permiso, que son hechos que ocurren en la niñez antes del “uso de la razón”. Mientras el niño no es capaz de reflexionar, de diferenciar entre el bien y mal y sus consecuencias, necesita de la presencia y educación de los padres y profesores para formar la conciencia moral, sensor que más tarde podría evitar, caer en situaciones inmorales.

El cerebro es el órgano donde se ubican las zonas claves para el desarrollo humano. Así como el lóbulo temporal facilita los procesos visuales y auditivos; el área de Broca, los procesos lingüísticos; la conciencia tiene también un asidero orgánico. Es la amígdala cerebral, parte del sistema límbico, responsable del desarrollo de las emociones, la vida afectiva, el desarrollo de la memoria, la preservación del organismo.

Los estudios con resonancia magnética funcional demuestran que la disminución de la actividad de esta amígdala permite que la persona se acostumbre progresivamente a estímulos negativos. Inicialmente, quien actúa mal tiene miedo de ser descubierto, pero esto puede ir desapareciendo en los siguientes actos deshonestos hasta atrofiarse, igual que un brazo o pierna cuando no tienen movimiento.

Es entre los dos a los seis años de edad el período ideal para ejercitar la amígdala en un proceso de formación moral, reforzado durante la primaria. Entonces se instalarán las bases para darse cuenta, evitar hacer y permitir actos corruptos, sin escrúpulos ni vergüenza, llegando al cinismo, capaz de engañar al detector de mentiras.


Escrito por: María Luisa Ruesta Arce
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María Luisa Ruesta Arce

María Luisa Ruesta Arce

Psicóloga. Ejerce la docencia universitaria en la Universidad de Piura