La Cholita cataquense

La Cholita cataquense

Por: Julio Aguilar

Hace unos años, un alcalde de Catacaos, me invitó a almorzar. Me dijo te voy a llevar a comer donde se prepara el verdadero seco de chabelo. Fue así como conocí esta tradicional picantería de Catacaos, en donde comimos una variedad de platos de la gastronomía tradicional piurana acompañada de su rica chicha de jora y su respectivo clarito.

La propietaria de la Cholita cataquense, Mayda Chiroque Zapata, es quien cuenta su historia de esta picantería.

“Soy la penúltima hija de 9 hermanos, mi padre Rogelio Chiroque, fue un productor de algodón, arroz y maíz, también comerciante de pescado, que abastecía a la villa Vichayal de La Arena, de meros, cabrillones, cachemas y caballas”.

Recuerda que su madre Celestina Zapata, una costurera que por las noches remendaba faldones, mandiles y camisas de la gente del pueblo, porque durante el día en su fresca ramadita, debajo del gran algarrobo, vendía su chichita y unos sabrosos piqueos, con el maíz que producía y pescado que traía su esposo.

“Siempre fue de mi agrado ver a mamá filetear el pescado y ayudar a colgar las caballas salpresas y carne seca en ‘larguisisísimos’ cordeles. Así como prender el fogón con la leña del campo que recogíamos con mis hermanos”.

Explica que ventear la chicha también era una de sus actividades favoritas. “El vapor que emanaba empañada mis lentes, ya que desde pequeña siempre los usé”, recuerda.

En el campo, las mujeres aprenden a cocinar y a trabajar desde muy pequeñas. Las hijas mayores se quedan en la casa con la mamá haciendo las labores domésticas y ayudando en la cocina a preparar los ‘picaos’, la chicha para llevar a la chacra y, a veces, también para la venta. Mientras tanto, los hijos varones mayores se van a cultivar el campo al mando del padre.

Los más pequeños también ayudan, ellos alimentan a las gallinas, pollos, patos y pavos en los corrales, también dan de comer al burrito, lo amarran a la carreta, y son los encargados de llevar el alimento y néctar a la chacra donde está el padre trabajando.

“Así aprendimos a cocinar nosotras en el campo, prender el fogón, colgar las caballas, filetear la pulpa de res, preparar ceviches, sudados, cocinar las sopas de pavo, pata y res, preparar chicha de jora y todo lo que se vende hoy en la picantería”, agrega.

Mayda señala que estudió enfermería. Sin embargo, su amor por la cocina pudo más y en el año 2018 y “con el empuje de mamá, mi esposo y la abuelita Rosa, desde el cielo, hicimos realidad este proyecto, “Picantería la Cholita” cambiamos la ramadita de mamá en la lejana Villa Vichayal, por un local amplio y céntrico, dando trabajo a 10 cholitas bajo piuranas que llevamos la bandera blanca en la sangre y corazón”.

La carta

  • Lunes: Mondonguito.
  • Martes: Tollito aliñado
  • Miércoles: Sopa de novios
  • Jueves: Atamalado de cabrillón.
  • Viernes: Malarrabia
  • Sábado: Arroz con Pato
  • Domingo: Copus tres carnes.

También se preparan todos los días cuando los clientes lo deseen platos al gusto como cachemas encebolladas, seco de chabelo, rondas criollas, cebiches de todo tipo; majado de yuca entre otros.


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