Una cesárea de emergencia realizada a la luz de linternas, sin agua y bajo el sonido constante de las explosiones resume el deterioro extremo de la atención materna en Ucrania. Así lo recuerda el doctor Oleksandr Zhelezniakov, director del Departamento de Obstetricia del Hospital Clínico Regional de Járkov, una de las ciudades más castigadas por los bombardeos rusos desde el inicio de la invasión a gran escala.
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“Simplemente hacemos lo que tenemos que hacer para salvar una vida”, relata el especialista, quien asegura que trabajar en condiciones extremas se ha convertido en una rutina diaria para el personal sanitario de las regiones de primera línea. Su testimonio ilustra una crisis más amplia: el fuerte aumento de las muertes maternas en un país donde la guerra ha golpeado de lleno al sistema de salud.
Hospitales bajo ataque y partos en condiciones extremas
Desde febrero de 2024, la Organización Mundial de la Salud ha documentado más de 2700 ataques contra centros de salud en Ucrania, incluidos al menos 80 establecimientos de atención materna. Hospitales dañados, maternidades evacuadas y servicios interrumpidos forman parte del nuevo escenario en el que miles de mujeres deben dar a luz.
El hospital de Járkov donde trabaja Zhelezniakov no ha sido la excepción. Como muchos otros, ha sufrido impactos directos y daños estructurales que obligan al personal a improvisar mientras suenan las alarmas antiaéreas. “La vida siempre debe prevalecer”, insiste el médico, aun cuando las condiciones mínimas de seguridad no están garantizadas.
Aumento alarmante de la mortalidad materna en Ucrania
Datos recientes del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) confirman la gravedad de la situación. Un análisis publicado en diciembre revela un aumento de 37 % en la tasa de mortalidad materna entre 2023 y 2024, el último año con cifras nacionales completas.
En 2023, Ucrania registró 18,9 muertes maternas por cada 100 000 nacidos vivos. En 2024, la cifra subió a 25,9. Según el UNFPA, la mayoría de estos fallecimientos son evitables y reflejan un sistema sanitario sometido a una presión extrema por los ataques, el desplazamiento y el colapso de los servicios esenciales.
Complicaciones del embarazo en aumento
La mortalidad no es el único indicador preocupante. El personal sanitario ha advertido un incremento notable de las complicaciones graves durante el embarazo y el parto. Las rupturas uterinas, una de las emergencias obstétricas más peligrosas, aumentaron 44 % entre 2023 y 2024.
En el mismo periodo, los trastornos hipertensivos del embarazo crecieron más de 12 %, mientras que la hemorragia posparto grave se incrementó cerca de 9 %. Retrasos en el acceso a la atención, estrés crónico, desplazamiento forzado y fallas en los sistemas de derivación figuran entre las principales causas.
Regiones de primera línea: el mayor riesgo
La situación es especialmente crítica en las zonas más cercanas al frente. En Jersón, los nacimientos prematuros casi duplican la media nacional y la región presenta la tasa más alta de mortalidad fetal del país. El estrés, la inseguridad y la dificultad para llegar a centros médicos explican en parte este panorama.
Otro indicador del colapso es el aumento de las cesáreas. A nivel nacional, la tasa supera el 28 %, por encima de las recomendaciones internacionales. En regiones de primera línea, alcanza niveles entre los más altos de Europa: 46 % en Jersón y alrededor de 32 % en Odesa, Zaporiyia y Járkov.
¿Por qué se realizan tantas cesáreas en Ucrania?
Según el UNFPA, estas cifras reflejan la necesidad de programar partos en breves periodos de relativa seguridad y una mayor incidencia de complicaciones que requieren intervención quirúrgica. También evidencian el intento de reducir riesgos en un contexto donde los bombardeos pueden interrumpir cualquier procedimiento.
Maternidades blindadas y partos en búnkeres
A principios de diciembre, un hospital de maternidad en Jersón, apoyado por el UNFPA, fue alcanzado por fuego de artillería. Durante el ataque, el personal trasladó a las mujeres embarazadas y a los recién nacidos a una sala de maternidad blindada.
Todas sobrevivieron y una niña nació en el búnker durante el bombardeo. Para Isaac Hurskin, jefe de Comunicaciones del UNFPA en Ucrania, el episodio es un reflejo de “las condiciones en las que se producen actualmente el embarazo y el parto, condiciones que ninguna mujer ni profesional de la salud debería enfrentar”.
El impacto de la guerra en la salud reproductiva
La devastación no se limita al momento del parto. Mujeres entrevistadas por IPS reconocen que evitan embarazarse por temor a no poder acceder a atención médica segura o a criar a un hijo sin electricidad, calefacción o agua.
Uliana Poltavets, coordinadora del Programa de Defensa Internacional y Ucrania de Médicos por los Derechos Humanos, explica que la decisión de quedar embarazada hoy implica evaluar si el hospital es seguro y si existen condiciones mínimas para el cuidado posterior del bebé.
Zhelezniakov añade que el estrés constante está afectando incluso la capacidad de concebir. “El estrés crónico, la ansiedad y los trastornos del sueño alteran el equilibrio hormonal”, señala, y advierte sobre el aumento de infertilidad secundaria, insuficiencia ovárica prematura y casos de menopausia patológica en mujeres jóvenes.
Crisis demográfica y efectos a largo plazo
Estas amenazas se producen en medio de una profunda crisis demográfica. Desde 2014, cuando Rusia se anexionó Crimea y apoyó a grupos separatistas en el este de Ucrania, el país ha perdido alrededor de 10 millones de personas por migración, desplazamiento y mortalidad.
La fecundidad ha caído por debajo de un hijo por mujer, una de las tasas más bajas del mundo. Para el UNFPA, el aumento de las muertes maternas, las complicaciones del embarazo y la incertidumbre sobre la seguridad del parto se refuerzan entre sí, con consecuencias duraderas para la recuperación nacional.
¿Qué lecciones dejan otros conflictos?
Expertos en salud en zonas de guerra advierten que los efectos pueden prolongarse durante décadas. El caso de Siria muestra que, incluso tras el fin de las hostilidades, la reconstrucción del sistema de salud materna es lenta y suele quedar relegada frente a otras prioridades, como la atención de emergencias y traumatología.
En Ucrania, médicos como Zhelezniakov anticipan que la situación demográfica empeorará, aunque subrayan que aún es posible fortalecer la atención primaria, mejorar la digitalización de los sistemas de salud y ampliar la cooperación internacional para proteger a las mujeres embarazadas y a los recién nacidos en medio de la guerra.











