La guerra en Irán podría concluir en un dramático empate en el que todas las partes habrían recibido algún daño difícil de superar: Irán, como se ha visto, ha sufrido la merma general de su capacidad ofensiva. Esto quiere decir que, por lo menos durante un buen tiempo, no podrá desafiar ni a Israel ni a occidente con una amenaza nuclear.
Israel, por su parte, ha perdido nuevamente en el campo de la prensa y la propaganda. Netanyahu, que prometió acabar con el régimen de los ayatolás, tendrá que replegarse hasta hallar nuevas condiciones para lanzar otra guerra, a pesar de que la infalibilidad defensiva israelí ha quedado, por segunda vez bajo su mandato, en entredicho.
¿Y qué pasa con Estados Unidos? Mientras Trump insiste en exigir a Irán su rendición, sus socios del Golfo -los jeques árabes, los principales legitimadores de la guerra- han tomado otras medidas, pues su estabilidad económica se ha visto comprometida y sus civiles se han convertido en blancos de la respuesta iraní. Sin estrecho de Ormuz, sin petróleo y sin aliados que se la jueguen incondicionalmente por una incursión terrestre en Teherán, ¿podrá Trump continuar la guerra y ganar?
BALDAZO DE AGUA FRÍA
Israel cree que no. No es posible destruir las capacidades militares de Irán en la operación actual, manifiestas fuentes militares del Estado hebreo citadas por el Wall Street Journal. Por esta razón, Israel ha cambiado el enfoque de sus ataques en Irán, concentrando esfuerzos en dañar sus industrias militares en lugar de socavar el régimen.
Conviene recordar que esta guerra tenía como objetivo contribuir a una gran revuelta popular iraní que derrocara al régimen teocrático que domina a la antigua Persia desde 1976. Sin embargo, la prensa norteamericana tiene fuentes que aseguran que Israel y EE. UU. han llegado a la conclusión de que un levantamiento civil en Irán es poco probable en este momento.
Sin embargo, y a manera de premio consuelo, las mismas fuentes militares israelitas dijeron al Journal que, según su entendimiento, la capacidad de Irán para amenazar a Israel, a los intereses estadounidenses y a sus aliados ha disminuido significativamente.
EXPECTATIVAS INCUMPLIDAS
A pesar de los daños ocasionados a Irán, ¿por qué el régimen aún no ha caído? A pesar del deterioro militar, el aislamiento y el desgaste interno, la estructura de poder de Teherán sigue en pie, sostenida por décadas de control, represión y una maquinaria de lealtades construida para sobrevivir incluso en sus peores momentos.
Para el analista internacional y especialista en Oriente medio, Natalio Steiner, la explicación no pasa solamente por el fanatismo ideológico o la dureza de sus líderes, sino por la propia lógica de estos sistemas autoritarios: cuanto más asediados se sienten, más se endurecen. Lejos de desmoronarse de inmediato frente a los golpes externos, el régimen iraní ha respondido cerrando filas y reforzando su control sobre la sociedad.
“Tras 47 años en el poder, no se trata de una estructura improvisada, sino de un aparato profundamente enquistado en todos los niveles del Estado y de la vida cotidiana. Además -agregó el analista-, el régimen cuenta con una amplia red de fuerzas leales, entre ellas las milicias civiles basij y los cuerpos vinculados a la Guardia Revolucionaria, que conforman un aparato de coerción masivo capaz de contener, perseguir y sofocar cualquier intento de rebelión abierta”.







