El gobierno de India estudia implementar una estrategia poco convencional para reforzar el control migratorio en su frontera con Bangladés: el uso de serpientes y cocodrilos como una “barrera biológica” en zonas donde la geografía dificulta la instalación de cercas físicas.
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Según un comunicado interno de la Fuerza de Seguridad Fronteriza (BSF), las unidades desplegadas a lo largo de la frontera han recibido instrucciones para analizar la viabilidad operativa de esta medida en áreas ribereñas vulnerables. La iniciativa responde a directrices del ministro del Interior, Amit Shah, y forma parte de los esfuerzos por frenar la inmigración ilegal y otras actividades ilícitas en la región.
El proyecto se enfocaría en aproximadamente 175 kilómetros de terreno pantanoso, donde las condiciones naturales —como ríos y manglares— hacen prácticamente imposible la construcción de vallas. En estas zonas, las autoridades buscan crear un sistema disuasorio natural que complemente el uso de tecnologías como drones y sensores.
Expertos en defensa señalan que la propuesta surge como una solución logística ante las limitaciones del terreno. Sin embargo, también advierten que se trataría de un elemento adicional dentro de un sistema de vigilancia más amplio, más que una medida única.
La frontera indo-bangladesí, que supera los 4.000 kilómetros, atraviesa regiones complejas como los Sundarbans, el manglar más grande del mundo. Gran parte de esta área carece de vallado, lo que facilita los cruces irregulares y el tráfico de ganado.
No obstante, la propuesta ha generado cuestionamientos en medios y entre comunidades locales. Analistas y residentes han expresado preocupación por los posibles riesgos para la población civil, especialmente en zonas donde las actividades económicas dependen de los ríos. También se ha planteado la dificultad de controlar el comportamiento de estos animales en un entorno abierto.
La iniciativa se da en un contexto de relaciones tensas entre ambos países tras la crisis política de 2024 en Bangladés. Recientemente, el canciller bangladesí, Khalilur Rahman, visitó Nueva Delhi en un intento por normalizar los vínculos diplomáticos, que siguen siendo frágiles.







