Castel Gandolfo, Italia. Un grupo de fieles piuranos llegó hasta la residencia de verano del Papa León XIV, en Castel Gandolfo, llevando consigo un mensaje de fe, identidad y gratitud. Desde Piura, al norte del Perú, los devotos viajaron con obsequios emblemáticos de su tierra: una joya artesanal de filigrana en forma del mapa del Perú, una de San Miguel Arcángel y chifles tradicionales de Catacaos, Piura.
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Este gesto simbólico, lleno de emoción y orgullo cultural, fue una forma de expresar su cercanía espiritual al Pontífice, quien mantiene profundos lazos con el norte del Perú, en especial con la región de Lambayeque.
VIDEO: ANDINA
Un Papa con corazón norteño
León XIV —nombre papal de Robert Francis Prevost (69), natural de Chicago, Illinois, Estados Unidos, con nacionalidad peruana— fue elegido como Sumo Pontífice en 2025, convirtiéndose en el primer Papa peruano y latinoamericano en casi una década. Su elección generó gran entusiasmo en todo el país, especialmente en las regiones norteñas como Lambayeque, Piura y La Libertad, donde vivió parte de su vida pastoral antes de ser llamado a Roma.
Durante sus primeros meses de pontificado, León XIV ha mostrado un interés activo en los pueblos latinoamericanos y ha expresado, en diversas ocasiones, su aprecio por la religiosidad popular, el arte sacro y las manifestaciones culturales propias del Perú profundo. Su conexión con Chiclayo —ciudad conocida por su fervor católico y sus tradiciones espirituales— ha sido destacada tanto por fieles como por medios internacionales.

piuranos con el papa
Un saludo breve, pero conmovedor
Los piuranos, delegación integrada por miembros de la Universidad de Piura (UDEP), participaban en una peregrinación por el Jubileo 2025. Ellos llegaron hasta Castel Gandolfo con la esperanza de saludar personalmente al Papa. Aunque no lograron una audiencia privada, el Santo Padre salió brevemente al balcón y dedicó un gesto de saludo a los presentes. Fue suficiente para conmover a los peregrinos, quienes respondieron con vítores, aplausos y cánticos como “¡Viva el Papa!”.
Llevaron consigo símbolos que representan lo mejor de su identidad regional. Una joya de filigrana, arte tradicional de Catacaos, elaborada por el maestro orfebre Víctor Hugo Yarlequé, que refleja la delicadeza y maestría de los orfebres del norte, fue entregada como muestra de afecto. Además, compartieron chifles —plátanos fritos crujientes típicos de Piura—, que fueron recibidos con entusiasmo por el secretario del Pontífice, Edgar Rimaycuna, quien agradeció emocionado el gesto.
Fe y esperanza que cruzan fronteras
“Queríamos tomarnos una foto con usted”, se escucha decir a uno de los peregrinos en un video grabado durante la jornada. La frase refleja el profundo deseo de estos fieles de mantener vivo el vínculo con el Papa.
“Por su misión, claro. Por su misión”, decían mientras ondeaban banderas y mostraban el mapa del Perú en alto, reafirmando su orgullo y su fe. “Lo esperamos, sí, lo esperamos”, repetían con esperanza, convencidos de que algún día el Papa León XIV visitará el norte del Perú como peregrino de vuelta a sus orígenes.
Este emotivo encuentro, aunque breve, fue una muestra de cómo la espiritualidad, la cultura y la identidad nacional pueden viajar más allá de las fronteras geográficas. Piura, con su fe vibrante y sus tradiciones vivas, logró estar presente simbólicamente en el corazón de la Iglesia católica.











