La modesta vivienda en la que el Papa León XIV pasó su niñez, ubicada en el número 212 de la calle 141 de Dolton, se ha transformado en cuestión de días en un imán para peregrinos, medios internacionales y curiosos de todo el mundo. Desde que se confirmó que el Pontífice vivió allí hasta ingresar al seminario a los 14 años, cientos de visitantes llegan a diario para tomarse fotografías, grabar videos o simplemente rezar frente al hogar que vio crecer a uno de los líderes espirituales más influyentes de la actualidad.
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La vivienda, que permanecía vacía desde hace más de dos años, fue tasada recientemente en US$ 199,000, aunque su precio ahora es incierto tras revelarse su vínculo con el Santo Padre. Pese a su valor relativamente alto para una casa de apariencia sencilla, el vecindario de Dolton atraviesa una grave crisis social, con altos índices de desempleo, violencia urbana y tráfico de drogas, según relatan los propios residentes.
Aun así, el lugar se ha convertido inesperadamente en un punto de encuentro espiritual y turístico, marcando un contraste entre su historia humilde y el renacimiento mediático que vive desde la elección de Robert Francis Prevost como Papa León XIV.
La historia detrás de la casa de León XIV
Robert Francis creció allí junto a sus dos hermanos. “Tenían un solo baño, y las escaleras son muy empinadas. Me cuesta imaginar a tres niños bajando por allí todas las noches”, comenta un contratista que trabajó en la casa antes de que fuera puesta en venta. Según su testimonio, la vivienda fue reformada casi en su totalidad: ventanas dobles, suelos nuevos, instalaciones de gas, techado y barandales fueron reemplazados, aunque el patio trasero continúa descuidado, con hierbas altas y sin mantenimiento.
La casa, que solía ser solo otra más en un barrio olvidado, hoy resplandece bajo la luz de velas, rezos y cánticos gregorianos que suenan en los altavoces instalados por Dana Sagna, una vecina que ha asumido el rol de anfitriona para los visitantes. “Esto ha unido al barrio como nunca antes”, afirma emocionada.
Devoción popular y nostalgia comunitaria
La transformación espiritual del lugar ha traído consigo momentos emotivos. Una mujer frotó su rosario contra la fachada mientras sostenía una foto de su abuela fallecida. Otro vecino, Paul Heller, asegura haber vivido en la casa por 25 años y sostiene que el sitio “ya es un monumento nacional”.
Mientras tanto, los recuerdos del pasado sobrevuelan cada conversación. Derrick Newling, de 64 años, reflexiona sobre el cambio social del vecindario: “Antes, los niños jugaban en la calle y en la noche podías oír caer una moneda. Hoy es otra realidad. Pero ahora tenemos algo que nos devuelve el orgullo: el Papa León XIV nació aquí”.
¿Qué pasará con la casa del Papa?
Por ahora, no hay información oficial sobre qué se hará con la propiedad. Sin embargo, el creciente interés ha generado especulaciones sobre su posible conversión en un centro de memoria o museo religioso, lo que podría impulsar la economía local y devolver la esperanza a una comunidad marcada por el abandono.
En un barrio golpeado por la marginalidad, la figura del Papa León XIV parece haber encendido una nueva luz. Su historia de superación y fe resuena con fuerza entre quienes, desde hace años, esperaban un motivo para mirar su entorno con esperanza.











