Integridad o des-integridad política

Integridad o des-integridad política

La palabra “integridad” deriva del latín integer, que significa “entero”. En relación a los humanos, es una cualidad del “estado de un individuo que tiene total entereza física, mental y espiritual cuando lo que piensa, lo que dice y lo que hace tiene un mismo sentido y son coherentes entre sí”. La integridad es comprendida como un derecho humano consagrado en 1948 en la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Son sinónimos de integridad: entereza, honradez, probidad, rectitud, moralidad, decencia, lealtad. Antónimos: corrupción, deshonestidad.

Traigo esto a colación por la clara e evidente carencia de integridad moral y personal de los señores Vizcarra y Merino, en este malhadado juego de tronos, con una generación de ambiciosos por el poder en que se ha convertido el quinquenio político 2016–2021. El caso internacional más emblemático de ausencia de integridad moral presidencial ocurrió con la vacancia de Richard Nixon, en doble falta (bien se dice que el hombre es el único animal que choca dos veces en la misma piedra): primero, ocultando el Informe McNamara, que argumentaba la inconveniencia de continuar con la Guerra de Vietnam, pretendiendo controlar y callar a la prensa libre, situación que llegó hasta la Corte Suprema que por seis a tres votos, ordenó se publique el Informe; y, segundo, los audios espías en la Convención del Partido Demócrata, que devino en el escándalo “Watergate”.

En el Perú, faltas graves de integridad moral y personal las tenemos en los vladivideos que propiciaron la caída de Fujimori, los “CNMaudios” de los “cuellos blancos” y ahora los “Vizcarraaudios”, pasando por la llamada telefónica de Merino “para darles tranquilidad a los militares”. Entre otros casos están la huida olímpica del candidato ante el amago de incendio en un almuerzo romántico, el “plagio de libros”, o los “cocteles de fondos de campaña”; no faltando los expresidentes procesados, encarcelados o suicidados.

Es bien cierto: la integridad de los políticos peruanos está en conflicto, sin principios sólidos para una ética política, que constituyan principios morales, que nos protejan a peruanas y peruanos, más aún en este difícil tiempo pandémico y de recesión.

Ello me lleva a pensar que necesitamos construir una cultura de integridad ciudadana, para la formación de políticos ciudadanos, que respondan a la construcción de políticas y manejo de las organizaciones, donde prime el bien común y no el bien individual de una generación de políticos ambiciosos.


Escrito por: Edwin Vegas Gallo
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Edwin Vegas Gallo

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Colaborador