Hoy es el día clave

Hoy es el día clave

Si el Congreso no vaca a Pedro Castillo hoy, no habrá una cuarta oportunidad. Lamentablemente, esto es una posibilidad dado que, hasta el cierre de esta edición, no se conseguían los 17 votos faltantes para oficializar la caída de Castillo. ¿Desperdiciará el parlamento la oportunidad de darle el último empujón a un régimen cuya imagen está seriamente desgastada por todas las revelaciones que caracterizan al Gobierno como uno de los más corruptos de la historia nacional?

Es probable que el parlamento desperdicie la ocasión debido a que no solo se estaría forzando la salida de Castillo y sus aliados políticos, sino que también se le reclamará al Legislativo ponerse la pistola del clamor ciudadano en la sien. Es inviable el país con un parlamento de idoneidad moral cuestionable.

A pesar de ello, los 130 congresistas tienen la misión de atender a las demandas de todos los peruanos y actuar en consecuencia pues son voceros y representantes de la población, y podrían sellar su destino heroico si renuncian, en un caso inusitado en nuestra política, al poder temporal. Cuando se manifiesta el temor a un traición congresal, se explica que son demasiados los privilegios a los que tendrían que renunciar los padres de la patria. ¿Serán capaces de anteponer los intereses del país a sus suculentos cobros, su canasta gordita a fin de año, los catorce o quince sueldos anuales? Esperamos hoy ver un acto de peruanidad digno de nuestros más insignes héroes.

Castillo cuenta las horas y seguramente se pregunta cómo llegó hasta este punto sin retorno, con la banda presidencial gastada, ya sin sombrero ni ninguno de los signos que otrora lo caracterizaban. Un hombre desmantelado, un individuo que quiso ser un héroe popular pero que en cuestión de días -todo un récord- se convirtió en un mal representante de lo que llamados “criollada”: mentiroso, autocomplaciente, incapaz de actuar si no es a través de voluntades ajenas, un tío afortunado para un par de sobrinos dichosos, un paisano pródigo con sus coterráneos. Castillo no merece ser más presidente, pero a lo mejor nosotros sí nos hemos merecido a Castillo, como pago a nuestra irresponsabilidad política. No obstante ¿habrá concluido ya está condena? Hoy todos somos un solo país.


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