Grau, Cartagena y Don Jorge Dávila

Grau, Cartagena y  Don Jorge Dávila

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Carlos Ginocchio Celi
Consultor

No he leído comentarios en medios peruanos acerca del episodio protagonizado en Colombia, en relación a nuestro héroe máximo, don Miguel Grau Seminario. Como lo cuenta don Jorge Dávila-Pestana Vergara, cónsul peruano en Colombia, en su columna de “El Universal” de Bogotá, “el Concejo Municipal de Cartagena, al concluir en 1969, la urbanización de Bocagrande, denominó sus calles con nombres de próceres americanos, como San Martín y  Sucre, y decidió que la avenida primera se llamara Almirante Miguel Grau, hijo del cartagenero Juan Miguel Grau Berrío, quien luchó por la independencia peruana al mando de Bolívar. El Perú donó una fuente y un busto del almirante, trasladado por la armada colombiana al parque de los ‘Almirantes’, frente al Museo Naval, junto al de José Prudencio Padilla, almirante colombiano, prócer de las guerras de la independencia, y senador de la Gran Colombia.

En 1994, el diario “El Universal” lideró una campaña para recuperar la fuente sin funcionamiento, atendida por empresarios peruanos, que la pusieron en servicio. El antropólogo estadounidense Clifford Geerts calificó a Grau como una “figura militar peruana y aguerrido guerrero sudamericano”, por lo que no era adecuado el homenaje. Don Jorge Dávila salió al frente, recordándole que Miguel Grau ha sido llamado por la historia ‘El Caballero de los Mares’, designado el ‘Personaje del Milenio’ en Perú, y “si viviera el maestro Enrique Grau –el gran pintor de figuras amerindias y afrocolombianas–, estaría complacido que un pariente de esas calidades, compartiera vecindad con la escultura de su hermano, el almirante Rafael Grau”… pues el busto del héroe “constituye un símbolo de amistad entre Colombia y  Perú”.

Más allá de la polémica, el héroe piurano fue ejemplo de vida que trasciende nuestros límites. No solo el valor desplegado enfrentando en desventaja a la marina chilena en la Guerra del Pacífico, sino modelo de comportamiento como esposo, padre, militar y demócrata. En una carta a su esposa, Dolores Cavero, cuando partía al sacrificio, escribe: “Sólo pido que cuides a mis hijos y les hables siempre de su padre”.  Independiente a las discrepancias de la guerra,  Grau y Prat son reconocidos por Chile y  Perú. El busto de don Miguel ameritaría estar tanto en los Estados Unidos como en Rusia. Gracias, Colombia.

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