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Otra constitución no es necesaria para mejorar el país
junio 3, 2021
Autor: Victor Palacios

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Especialista de la UDEP, Guillermo Chang, explica por qué no se necesita cambiar la Constitución del país, para reactivar las actividades económicas, disminuir la pobreza y reducir brechas sociales.

En esta entrevista, el doctor Guillermo Chang, profesor de la Facultad de Derecho de la Universidad de Piura señala que para lograr la reactivación económica de nuestro país, que ayude a la disminución de la pobreza y al cierre de las brechas, no hace falta cambiar la Constitución ni el modelo económico sino una mejor gestión en todos los sectores públicos, mejores profesionales y funcionarios y un adecuado reparto de la riqueza.

– ¿Cómo se define un modelo económico de un país?
Más que de modelo, debemos hablar de constitución económica. Los modelos son elaboraciones de los economistas para comprender la realidad. Sin embargo, la constitución económica es una norma que establece pautas concretas para la economía nacional.

–Entonces ¿qué peculiaridades tiene la constitución económica?
Respecto del mercado, el Estado tiene dos funciones: regulación y actuación. En el primer caso, el Estado establece las reglas de juego del mercado: títulos habilitantes para el ingreso, fiscalización de la actuación del oferente, protección al consumidor, entre otros. Esto se ha ejercido especialmente por medio de normas y de administraciones públicas independientes de tipo general (Indecopi) o sectoriales (Sunedu, SBS; Osinerrgmin, etc.).

–Y, en cuanto a la actuación del Estado…
La actuación implica que el Estado sea un ofertante más en el mercado. Para ello, el artículo 60 establece el principio de subsidiariedad. Así, cuando el Estado crea conveniente hacer empresa, debe cumplir algunos requisitos: 1) ley; 2) inexistencia de oferta en el mercado; 3) alto interés público o manifiesta conveniencia nacional. Este artículo no ha sido desarrollado por una ley.

Sin embargo, la Ley de Represión de la Competencia Desleal recoge lo mismo para cerrar empresas públicas que no cumplen estos requisitos. Es necesario desarrollar esto porque hay sectores desfavorecidos donde es muy importante la actuación del Estado.

De lo expuesto, se puede apreciar que nuestra Constitución no tiene un modelo liberal o socialista. Ha tomado como base el principio de subsidiariedad propuesto por la Doctrina Social de la Iglesia Católica. Incluso, la jurisprudencia del Tribunal Constitucional, para explicar la subsidiariedad, cita las encíclicas sociales de la Iglesia.

–¿Es cierto que este modelo económico ha causado mala gestión, brechas sociales y económicas?
El problema no es el crecimiento sino el encargado del reparto. No podemos negar las cifras. Tanto el Gobierno Central, como los gobiernos regionales y locales, que son los encargados del reparto, no han cumplido con su función. Esto se nota en las cifras de ejecución de gasto. Las necesidades son patentes. Sin embargo, no tenemos capacidad de gestión y, para colmo de males, hay corrupción.

–Para combatir la pobreza y la corrupción, ¿hace falta cambiar de modelo económico o este también contempla estos cambios?
Lo primero que hay que hacer es elegir mejor a quienes nos gobiernan. La Constitución económica y el Estado no son malos en sí mismos. Dependerá de los gobernantes cómo la usen. Nuestra constitución económica es muy similar a la alemana y se ha demostrado que funciona: ¡permite la creación de riqueza! Sin embargo, si el Estado no juega en pared, repartiendo la riqueza en los distintos sectores, surge la brecha.

–Entonces, ¿hace falta una reforma del Estado, de todas maneras?
Tampoco se necesita una reforma completa del Estado. Sabemos que el Estado es esquizofrénico. Hay instituciones como las administraciones independientes antes señaladas, que funcionan muy bien. Sin embargo, hay otras que funcionan muy mal. La cuestión no es la institución sino las personas que la conforman.

Estamos ante una crisis moral profunda. La solución está en tener un cuerpo profesional de funcionarios públicos con verdadero espíritu de servicio al ciudadano. Ese fue el fin de la Ley Servir. Sin embargo, su plena vigencia se ha truncado por muchos intereses. Debemos contar con funcionarios profesionales para disminuir la incapacidad de gestión y sancionar con fuerza a los corruptos. Para ello, es necesaria la meritocracia. Un cuerpo de funcionarios capacitados puede frenar las locuras populistas de los políticos.

–¿Cómo usar este modelo para una pronta reactivación económica?
Se pueden hacer muchas cosas. El ordenamiento jurídico pone las herramientas. Sin embargo, sin buenos profesionales seguiremos en lo mismo. En lo personal, pienso que lo primero hacer una fuerte inversión pública en infraestructura para mover la economía. Vivimos en un país donde lo que más falta es eso. Es tan patente esta necesidad y la incapacidad del Estado en esa materia que muchas obras públicas las hacen los privados por medio de Obras por Impuestos. Sin esta infraestructura no se puede desarrollar el agro, el comercio, entre otros.

–En relación con la propuesta de uno de los candidatos a la presidencia de la República, ¿qué se tendría que hacer para cambiar radicalmente, hacia un modelo socialista, por ejemplo?
Cambiar la Constitución económica. Sin embargo, debemos ser conscientes de las consecuencias de ese cambio. Los efectos (y defectos) del modelo socialista los vemos por las calles pidiendo monedas. Nadie, en su sano juicio, quisiera eso para su familia.

Por. Elena Belletich de Rojas

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Victor Palacios
Editor web de El Tiempo y La Hora. Periodista y fundador del equipo digital del diario El Tiempo. Comunicador con experiencia en Marketing Digital, Data Analyst, SEO, Web Design, Email Marketing e Ecommerce.
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