El estrés solo impide concebir leyes

Para nadie es un secreto que la política es en nuestro país un ejercicio desprestigiado. En el ránking de los más repudiados, los congresistas lideran la lista y hay mucha lógica en ello.

Los recientes debates en torno al proyecto de despenalización del aborto en casos de violación, han quedado reducidos al ridículo con la tremenda afirmación del legislador pepecista Juan Carlos Eguren, afirmación que nos recuerda que, a diferencia del sabio que duda y medita, el ignorante asevera sin pestañear: “Es casi imposible que se produzca un embarazo después de una violación callejera porque se produce un estado de estrés en la persona, donde obviamente en la mujer no hay ningún tipo de lubricación”.

Habría que explicarle al congresista Eguren, que en efecto, el estrés –sobre todo el repentino- puede afectar relativamente el funcionamiento del hipotálamo, que es la glándula que, entre otras cosas, regula las hormonas que envían la señal a los ovarios para que liberen óvulos.

Estamos hablando de alteración de ciclos, pero no de la capacidad para concebir. En situaciones de estrés, la mujer produce mayor cantidad de andrógenos y aumenta sus posibilidades de embarazarse a un 20%. La ciencia no es concluyente, pero no da pie a decir disparates.

Más allá de la medicina, lo que realmente preocupa es el modo como se discuten los proyectos que luego se convierten en normas. ¿Cuáles son los criterios con que se formulan los argumentos? ¿Cuáles son los intereses en juego? ¿Qué o a quién quieren proteger las leyes? En vez de ideas, priman los calificativos, acusaciones de cortinas de humo, y un largo y penoso etcétera. Quienes perdemos, a la larga, somos nosotros, los ciudadanos, que mantenemos con impuestos esta cartelera de necedades.

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