El derecho a la vida en nuestra Constitución

El derecho a la vida en nuestra Constitución

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Manuel Antonio Rosas
Estudio Rosas Córdova & Asociados

En el Perú se padecen muchos problemas sociales que afectan la vida diaria de todos los ciudadanos sin excepción alguna. El peor de ellos – sin temor a  equivocarnos- es el incremento de los delitos comunes (homicidios, robos, asaltos a mano armada, extorsiones y un largo etcétera), que amenazan la vida de las personas y alteran el orden público.

En la base de esta problemática  es evidente que subyacen la extrema pobreza en la  que vive una buena parte de la población, la ausencia de  autoridad paternal, la desintegración de la familia, la carencia de servicios policiales en la medida del requerimiento que tiene el volumen de habitantes y el desequilibrio del sistema persecutorio y punitivo nacional.

Hace rato, por ejemplo,  la figura delictiva del “homicidio por encargo” (que fatalmente utiliza como agentes a menores de edad) merece que se le configure dentro del ordenamiento jurídico penal como un tipo especial de delito sancionado con penas más severas sin beneficios carcelarios que involucre también a los jóvenes  -entre los 15 y los 18 años-  que con perfecto uso de razón son contratados para perpetrar un crimen sin siquiera saber quién será su víctima.

Esta realidad debe ser profundamente encarada por los congresistas, los funcionarios del sector Justicia y los altos estamentos del Poder Judicial, el Ministerio Público y el Tribunal Constitucional para introducir las innovaciones que necesitan el Código Penal y el Código Procesal Penal.

Ahora las garantías personales que nuestra carta magna consagra para tutelar la Vida como supremo valor,  tal como reza su artículo segundo en el Capítulo sobre los Derechos Fundamentales de la Persona,  es letra muerta; o cuando menos una mera declaración de principios porque en tanto el Estado no disponga de un gran sistema legal preventivo y punitivo,  que sea eficaz y eficiente, la violación de esta suprema garantía constitucional será lo que se dice “un saludo a la bandera”.

Los ciudadanos peruanos que creemos,  todavía,  en las diversas instituciones tutelares de la República siempre abrigamos la esperanza de que este orden legal cambie y de esta manera todos nos sintamos más protegidos de la barbarie y la impunidad.

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