El buen político no va preso

El buen político no va preso

¿Cómo se mide el éxito de un político? Muchos dirán que ganando elecciones. Otros, haciendo obras que merezcan el reconocimiento del pueblo, muchas veces ingrato; sin embargo, para el político que logró su sueño, el éxito no está en ganar una elección (como lo advierte Jaime Bayly en una de sus columnas), sino en salir ileso de la aventura en que se metió.

Es decir, seguir en libertad por el resto de su vida, sin que los juicios lo persigan ni que lo atormente una orden de prisión preventiva, mientras lo investigan por sospechosos actos. Y eso es lo que hoy le pasa a los expresidentes, perseguidos por la justicia porque, en el ejercicio del poder, no supieron mantenerse al margen de la infame maraña de la corrupción.

PPK está detenido, Ollanta Humala no duerme tranquilo, Keiko
sigue en prisión sin haber ocupado cargo público, mientras una
orden de detención pesa sobre Alejandro Toledo. ¿Quién sigue?

Muchos piden la cabeza de Alan García; lo cierto es que el político debe asumir que ganar una elección no le da derecho a disponer de los bienes del Estado como suyos o aprovecharse del cargo porque, tarde o temprano, ni los asesores ni adulones lo salvarán.


Escrito por: José Neyra Moncada
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José Neyra Moncada

José Neyra Moncada

Director de El Tiempo.