Un año para recuperar la cabeza

Como para cerrar el 2023 insistiendo en que este Gobierno y sus estrategias contra la criminalidad, el supuesto “Plan Boluarte” y toda la parafernalia discursiva que tiene por objeto meternos en la cabeza que vivimos en el mejor de los países, son un fraude.

Un año para  recuperar la cabeza
Dina Boluarte
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A pocas horas del nuevo año, fue asesinado de 14 balazos el director de la orquesta “La Crítica del Callao”, Christian Suárez. Un día antes, le ocurrió lo mismo al hermano de Marvin Salas, director del afamado conjunto chalaco Zaperoko. Como para cerrar el 2023 insistiendo en que este Gobierno y sus estrategias contra la criminalidad, el supuesto “Plan Boluarte” y toda la parafernalia discursiva que tiene por objeto meternos en la cabeza que vivimos en el mejor de los países, son un fraude.
Pero este fraude no es solo responsabilidad de Dina Boluarte y sus ministros, sino también de todo el aparato político que, en una clara muestra de que la moral pública está corrompida y subastada, legisla y actúa según intereses distintos a los elevados destinos del país. Para decirlo en otros términos, el país -nosotros- importa menos que cualquier beneficio pasajero pero contable o intercambiable. Hemos pasado de ser una sociedad de instituciones incipientes, a una colectividad prematuramente decrépita, tan cercana a la caducidad como un calendario del 2023.
El presente Gobierno no es capaz siquiera de garantizar la seguridad de las personas en las calles, no es capaz de hacerse respetar ante una legión de carteristas y mucho menos ante organizaciones delictivas internacionales que explotan el miedo del peruano promedio y su precariedad mientras la Policía se dedica a reprimir manifestantes o a terruquear a lo que, sencillamente, va en contra de sus intereses. Tampoco es capaz de garantizar la seguridad alimentaria de más de la mitad de la ciudadanía, ni la salud de 24,5% de peruanos sin seguro médico. Un Gobierno que no garantiza la seguridad ni la alimentación ni la salud, ¿para qué sirve? No hay teoría social que lo justifique ni pueblo consciente que lo aguante.
El 2024 arrancará con una protesta, pero ¿habrá un cambio sustancial? El premier Otárola, naturalmente, ha descartado la posibilidad de un adelanto de elecciones, pero, ¿qué pasa si se le pregunta a los peruanos? El poder, la soberanía y el rumbo de un país descansan en los hombros y la voluntad de la ciudadanía. Esto no es subversión: es lógica.
El 2024 tiene que ser el año en que habremos de recuperar la cabeza.
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