Rescatemos al Perú de la barbarie

Un hombre fue asesinado de ocho balazos en el rostro en un aparente ajuste de cuentas; otro infortunado, desaparecido hace veinte días

Rescatemos al Perú  de la barbarie
Rescatemos al Perú de la barbarie.
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Un hombre fue asesinado de ocho balazos en el rostro en un aparente ajuste de cuentas; otro infortunado, desaparecido hace veinte días, yacía en la carretera Piura-Tambogrande a la espera de que un fiscal se digne a acudir al lugar del hallazgo y ordenar su levantamiento. El cuerpo también tenía una bala engarzada en el cráneo. Es decir, aquí, en esta calurosa tierra donde la ley es viento muerto, el hampa y la injusticia reinan. Nadie parece estar seguro.
Pero no solo deben preocuparnos los cuerpos que se pudren en las calles y carreteras. También nuestra moral, nuestro sistema de leyes y valores, nuestras instituciones y hasta el Estado se están corrompiendo. Por ejemplo, el prófugo Vladimir Cerrón intenta llegar a las embajadas de sus gobiernos sátrapas favoritos para esconderse y eventualmente fugar del Perú, al que ha causado un profundo daño. el Congreso sigue operando en contra del propio país y oscuros funcionarios -jueces, fiscales, burócratas- conspiran para traerse abajo cualquier avance positivo y reinstaurar los privilegios, las argollas y toda asociación de indudable connotación mafiosa que pueda tramarse en el país. Ni las familias de aquellos a quienes les arrancaron la vida ni los ciudadanos que esperamos ver una salida al final de este oscuro túnel conocemos lo que es la justicia. Como decíamos al principio, el hampa -en su sentido más amplio, la de los malandrines de esquina y la de los gángsters de frac- reina.
En vísperas de la navidad, una época que para la gran mayoría de peruanos representa la esperanza de un porvenir justo e igualitario, nos preguntamos: ¿dónde están aquellas personas capaces de trabajar por el Perú, dónde aquellos héroes que no necesitan superfuerza ni saber volar, sino convicciones y una moral de hierro para devolver al país al rumbo del desarrollo auténtico? ¿Es que este tiempo, uno de los más sombríos de nuestra historia nacional, ha engullido a los valientes? Creemos que no toda esperanza está perdida, que en los colectivos sociales, en las páginas de los diarios, en la acción política marginal e incluso en los canales oficiales de la discusión pública se encuentran aquellos que podrán llevar a cabo ese cambio anhelado. Pero definitivamente, cualquier proyecto resultará vano si nosotros, los ciudadanos, no despertamos nuestro instinto moral. Necesitamos un alma.
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