Editorial: ¿Queremos ser Haití?

La profusión de partidos y, por consiguiente, de candidatos para las futuras elecciones no son, como podría pensarse, un buen síntoma de nuestra democracia...

Editorial: ¿Queremos  ser Haití?
Foto: El Tiempo.
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La profusión de partidos y, por consiguiente, de candidatos para las futuras elecciones no son, como podría pensarse, un buen síntoma de nuestra democracia que da a quien quiera la oportunidad de alcanzar un cargo público. Por el contrario, lo que está ocurriendo, con 25 partidos habilitados para competir y otros nueve en cola, es una muestra del apetito desmesurado por el poder que caracteriza a los sistemas políticos crepusculares.
Cumplimos hace poco 200 años y quizás no haya otros pues, si nos atenemos a las señales, estamos viendo el tramonto y la ruina prematura de nuestra sociedad melancólica e insaciable.
¿De dónde se nos ocurren estas lecturas tan tristes? Muchos de nuestros lectores supondrán que el descreimiento que en ocasiones rezuman nuestras páginas tiene que ver con la tendencia clásica de la prensa a ser excesivamente crítica y, en el peor de los casos, nihilista. Pero a nosotros no nos embarga tristeza alguna, sino lucidez.
Así pues, vemos que la concurrencia excesiva de partidos significa dos cosas: la atomización de las doctrinas políticas -es decir, la desaparición fáctica de los idearios y su reemplazo nocivo por las personalidades, por los rostros, por los dueños de los partidos o sus muñecos de turno-. Muchos llevan por bandera el pragmatismo, pero ésta ha significado en el Perú la reducción de la política al cálculo instintivo y oportunista. Muchos olvidan que la política sirve para administrar los destinos inmediatos de un país y, cosa más importante aún, para construir un modelo de desarrollo, una elaboración que, aunque no guste la palabra, es ineludiblemente ideológica. Volvamos la mirada al exterior: en Haití, en el año 2015 se presentaron a elecciones más de 70 candidatos. ¿Acaso estamos importando el modelo de Haití?
El segundo problema es que la multiplicación excesiva de postulantes debilitará la legitimidad del próximo Gobierno. ¿Qué pasó con Pedro Castillo en la primera vuelta de 2021? Que compitió con 18 candidatos y pasó a segunda vuelta con un risible 18%. ¿Qué pasó después? Que ganó la presidencia con un alto porcentaje, superando por décimas a Keiko Fujimori, pero en ambos casos se trataba de cifras mentirosas. Hasta la fecha pagamos las consecuencias de no tener un sistema electoral de reglas claras, ¿y queremos repetir el menú?
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