Editorial: Los líderes que nos faltan

Nuestra región, a pesar de sus innegables riquezas y potencial, ha adolecido del ingrediente principal del desarrollo: liderazgo.

Editorial: Los líderes  que nos faltan
Nuestra región, a pesar de sus innegables riquezas y potencial, ha adolecido del ingrediente principal del desarrollo: liderazgo.
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Nuestra región, a pesar de sus innegables riquezas y potencial, ha adolecido del ingrediente principal del desarrollo: liderazgo.
Durante años, diversos personajes han pretendido asumir un rol preponderante y conductor, pero sin éxito. Pretender que el liderazgo se sustente únicamente en los pasajeros atributos de la simpatía, en el éxito económico como presunto reflejo de inteligencia o en promesas que piropean a la informalidad como si esta fuera una justicia negada, es vano y peligroso. Piura ha tenido décadas de estos personajes que pretendieron ser líderes sin construir siquiera un murito de ladrillos para recordarlos. En el último decenio, la valla quedó tan baja que cualquiera intentó usurpar los modos de un líder, aunque el traje, como era previsible, les quedó demasiado grande.
Actualmente, el gobernador Luis Neyra intenta ponerse en la piel de líder, y lo hace con un agresivo discurso que lo distancia de su antecesor, al que ha acusado en diversas ocasiones de dejarle un presupuesto atomizado y una administración rota, dividida en múltiples partes y sin un horizonte regional. La labor de un gobernador, precisamente, es inspirar y ejecutar un plan que aglutine el mayor número de problemas regionales que se puedan resolver de modo integral, no como temas aislados, sino enmarcados en un auténtico plan de región. ¿Podrá ser Neyra ese líder necesario en estos tiempos de deserciones y decepciones? Aún es pronto para saberlo; por lo pronto, está a punto de cumplir su primer año de gestión en el GORE con una aprobación de más del 50%, pero será el segundo año, cuando la ciudadanía exija resultados, el que revele la verdadera personalidad del gobernador. La palabra empeñada, el bien más inmaterial de todos, es, en las presentes circunstancias, el más preciado.
Por otro lado, si Neyra quiere erigirse en ese conductor que nos haga dar los primeros pasos -los más importantes- hacia el desarrollo, debe atender las demandas de la población: que los trabajadores administrativos del Hospital de Apoyo II de Sullana, sindicalizados, digan que el gobernador no los quiere recibir y que nadie atiende su exigencia respecto al cumplimiento del pacto colectivo en beneficio de los empleados públicos no es un buen gesto, y conviene corregirlo. Conversar es la clave.
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