Editorial: Cuidado con el populismo en 2024

En otras palabras, el populista -ya sea un presidente, un gobernador o un alcalde- entenderán que su misión es gobernar mediante la confrontación.

Editorial: Cuidado con el  populismo en 2024
En otras palabras, el populista -ya sea un presidente, un gobernador o un alcalde- entenderán que su misión es gobernar mediante la confrontación.
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¿Qué es el populismo? Los politólogos Kirk A. Hawkins y Cristóbal Rovira Kaltwasser lo señalan como una “concepción maniquea del mundo” que reduce todo a una lucha entre el bien y el mal, así como concepción del “pueblo” como comunidad virtuosa frente a una élite necesariamente corrupta. En otras palabras, el populista -ya sea un presidente, un gobernador o un alcalde- entenderán que su misión es gobernar mediante la confrontación, atribuyendo a su bando valores arbitrarios y adjudicando a sus enemigos de turno todas las responsabilidades o culpas. El gobernante populista siempre será un héroe o una víctima.
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En muchas provincias del Perú se practica ese estilo puro y duro de populismo: las masas, muchas de ellas sumidas en la informalidad y en la ignorancia, así como urgidas de una salida rápida a su situación marginal, aplauden las majaderías de algunas autoridades que han convertido a la institucionalidad en objeto de sus convenientes odios. Sí, habría que decir que el gobernante populista no siempre es un santo convencido de su misión, sino un instrumentalizador del fanatismo. En Trujillo, por ejemplo, vemos cómo un alcalde hace y deshace con el poco prestigio que le quedaba a la histórica ciudad norteña y la ha convertido en fuerte del exabrupto, la obscenidad y el desacato. ¿Alguien puede con él? Hasta ahora no; ni siquiera la prensa puede trabajar en paz.
En Piura no se ha consolidado el populismo porque las autoridades no han logrado establecer un verdadero pacto de complicidad o amistad con la ciudadanía. Los alcaldes y los gobernadores de sucesivas gestiones parecen divorciados de la gente. Si este vínculo problemático no se resuelve, sí podría ocurrir que ascienda un populista capaz de hacer poco y decir mucho, de jugar a la victimización y manipular a las masas para ocultar sus propias limitaciones o para impulsar un breve y falaz progreso que se sostenga solo a punta de una lengua musculosa y un verbo contundente.
A nivel del Gobierno central el populismo ha quedado relegado, pues el populista debe apoyarse, entre otras cosas, en su credibilidad, cosa que Dina Boluarte no tiene. Pero el desenlace próximo podría ser muy parecido al que mencionamos arriba: el vacío de autoridad es la ocasión preciosa para que salten los más carismáticos y mentirosos.
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