Editorial: Ya no nos representan

Editorial: Ya no nos representan
Foto: Cortesía

Si en una charla nos preguntan por qué la educación está en crisis, decimos que es culpa del Gobierno. “El Estado no hace mejores escuelas”, “el presidente y los caviares (o cualquier otro monstruo de turno) han secuestrado las aulas e ideologizan a nuestros niños”.

Y cuando nos referimos a la educación superior, las quejas apuntan a los barones de la instrucción universitaria: “El de la plata como cancha, el otro que era congresista, el excobrador de micro, etc., todos han creado universidades para lucrar, pero sus cartones no sirven ni para echarse aire”.

Todos convenimos en que es necesario intervenir el sistema educativo en general, desde la instrucción básica hasta la superior, y por eso nos sorprende e indigna lo ocurrido en el Congreso: lo acaecido la noche del miércoles fue un atentado a ese primer y único intento de poner reglas al funcionamiento de las casas de estudios, que en algunos casos habían hecho de la educación universitaria o técnica, con credenciales y todos los honores, un artículo de anaquel, y en otros un modo de conducción mafioso amparado en un perverso concepto de autonomía.

Si con los colegios queda todavía un larguísimo camino que recorrer hasta lograr la excelencia, con las universidades e institutos había un objetivo más claro y era Sunedu la institución a través de la cual se pensaba lograr esa ansiada mejora. Hoy, sin embargo, los mismos fiscalizados se han convertido en sus propios fiscalizadores; la insensatez de esta decisión es similar a la hipotética de tener a los delincuentes dictando sentencias.

En este periodo oscuro de informalidad, de desestabilización de las instituciones y de destruir lo logrado a duras penas en tres décadas no solo debemos ver la culpa del Ejecutivo, pues es evidente que el Congreso hace méritos suficientes para que la ciudadanía odie -sí, con esa palabra tan fuerte- a la democracia, al Estado, a las autoridades, a los que gobiernan para sus amigos y a los que legislan por encargo. El daño es tan profundo que es casi imposible distinguir a buenos y malos en este caos gubernamental. ¿A dónde iremos a parar si los representantes de la población son capaces de asestar sin asco ni remordimientos una puñalada al destino del país? Esto por esto, que cerca del 80% de la población peruana pide en las calles elecciones generales ya.

 


Síguenos en nuestras redes sociales:

COMPARTIR     Twittear Compartir