Editorial: Un país no se gobierna con manuales

Editorial: Un país no se gobierna con manuales

Existe un manualito de izquierda de la chilena Marta Harnecker, “Los conceptos elementales del materialismo histórico” (1969). El libro ha envejecido, naturalmente, ayudado por la caída de las utopías comunistas, con el derrumbe del sueño bolivariano –del que fue consejera- y con el triunfo de una economía que pone en primer lugar las naturales aspiraciones humanas a la felicidad y a la propiedad.

No obstante, algunos políticos peruanos, encasillados en un pasado cuyas premisas han muerto, pretenden hacer de estos y otros manuales fenecidos las bases de las políticas del Perú del Bicentenario. Evidentemente, los tiempos y las lecturas cambian porque los hechos también lo hacen. Pedro Castillo y su socio Vladimir Cerrón no han comprendido aún que el mundo al que se enfrentan hoy es otro; que la lucha de clases es, más bien, una lucha por la empleabilidad estable, por el aseguramiento universal del acceso a los servicios y no una guerra entre personas que deberían cooperar para sacar adelante este país bastante castigado por experimentos ideológicos de toda laya (corporativismo, militarismo, neoliberalismo, tecnocracia, apoliticismo, etc.) y que hasta ahora no han funcionado en ningún país donde se intentó imponer.

Por ello, es necesario que cada ciudadano comprenda la importancia de su voto, de su bicentenario voto, que se trata de definir el destino del país y sentar las bases de un futuro que debe estar marcado por la eficiencia y no por intereses conceptuales y trasnochados que en la práctica resultan perjudiciales para los sectores más populares.

El gran problema del intelectual –vamos a suponer que Castillo, profesor, y que Cerrón, médico, lo sean- es que entienden el mundo como un deber ser en vez de aceptar que hay tareas que exigen el trabajo mancomunado y realista de sus autoridades en función de un fin común: el bienestar del ciudadano y la oportunidad de ejercer su libertad. Por ello, la propuesta del 10% del PBI al sector educación es una ridiculez. Necesitamos pragmatismo, no propuestas para la tribuna, necesitamos profundizar la democracia, caminar por el sendero de la modernidad y alcanzar la verdadera equidad, la base de una moderna concepción ciudadana que consiste en crear oportunidades y no, como reza aquel viejo y sabio dicho, regalar el pescado.

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