Editorial: Un ejemplo del sudeste asiático

Editorial: Un ejemplo del sudeste asiático

El descubrimiento de una red delictiva que robó más de S/10 millones al Ejército mediante falsas pensiones nos indica cuán viva sigue la corrupción a pesar de las coreografías que nos muestran los miembros del Ejecutivo y las puestas en escena de un Congreso cada vez más apegado a una visión inoperante del “debido proceso”, un pretexto para no asumir su auténtico rol histórico.

A la fecha, cabe decir, los golpes dados a la corrupción no han tenido otro valor que el de bofetadas al aire. Los verdaderos corruptos, los auténticos ladrones, los vendepatrias, los delincuentes que desangran inmisericordemente al país, siguen sueltos, siguen amasando fortunas a costa del progreso de millones.

¿Qué hacer?, decían los políticos radicales de principios del siglo XX. Cien años después, desde una racionalidad política alimentada por la experiencia, seguimos preguntándonos lo mismo.

Miremos hacia otros horizontes, miremos hacia ese sudeste asiático empobrecido hace cincuenta años y que hoy es la patria de la riqueza basada en el conocimiento y la tecnología.

Miremos a Singapur, por ejemplo, y su tratamiento de la corrupción: la más drástica pena sirvió para impulsar un crecimiento de fuerte acento en lo social al tiempo que invitaba a la inversión extranjera. El Perú es más grande y tiene más recursos que Singapur.

¿Qué nos falta? ¿Hacer de la corrupción un delito equiparable a la traición a la patria? Sí, eso nos hace falta.

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