Editorial: Sin valores es difícil evitar más tragedias

Editorial: Sin valores es difícil evitar más tragedias

Es lamentable que ante problemas como la tragedia de la discoteca Thomas Restobar, los peruanos nos hayamos acostumbrado a creer que todo se reduce a encontrar a quién acusar para descargar contra determinadas personas, empresas o instituciones toda la rabia posible, alimentando un riesgoso clima de constante violencia y polarización.

Lo que menos queremos, más aun en el actual contexto de pandemia, es sumar un nuevo problema a la seguidilla de crisis (social, sanitaria, política) que tiene al país contra las cuerdas.

Sin embargo, desde el sábado en la noche todos parecemos empeñados en hallar a quién señalar con el dedo acusador. Pasada la euforia, todo será olvidado, ni siquiera nos habremos dado el trabajo de responder qué nos pasa. No hablaremos de muertos y discotecas sin vías de escape hasta la siguiente tragedia.

Y así se sigue alimentando un ciclo vicioso e invariable de errores y negligencias. Ayer fue Utopía, después el caso Los Olivos, solo es cuestión de esperar el siguiente eslabón de una interminable cadena de negligencias, irresponsabilidad, relajo y muerte.

Nos preguntamos solo quién fue, mientras en países más desarrollados la primera interrogante es qué pasó (para que no vuelva a ocurrir). Mientras en otras latitudes se invierte muchísimo en ciudadanía, respeto y valores a través de la práctica, en nuestro país nos contentamos con una que otra clase de educación cívica en la educación básica.

En lugar de debatir sobre las falencias estructurales por las que lamentables situaciones como esta se repiten, nos hemos dividido en las redes sociales, entre los que acusan y sentencia a la Policía y los que acusan al empresario y 120 asistentes.

Nos parece más urgente acusar que buscar las causas reales para que no vuelva a pasar. Criticar, por ejemplo, al Ministerio de la Mujer por querer encargarse de la tutela de los huérfanos dejados por algunos de los fallecidos, solo puede ser síntoma de una sociedad muy enferma en valores, un gravísimo problema social mucho más difícil de curar que la negligencia municipal.

COMPARTIR     Twittear Compartir