Editorial: Respeto a la prensa y menos hipocresía

Editorial: Respeto a la prensa y menos hipocresía

Mientras el Gabinete Torres pedía al Congreso la confianza, en las calles el ambiente era la total contradicción de la democracia: los periodistas eran salvajemente atacados por simpatizantes de Perú Libre azuzados quizás por la desesperación de ver pasar las horas sin poder forzar la respuesta del parlamento, o instados por los fanáticos que representan el ala más peligrosa del partido de Gobierno.

No es casualidad que poco antes de estas manifestaciones autoritarias y fascistas, el propio Vladimir Cerrón colgara en sus redes sociales fotografías con mensajes que llamaban al “pueblo” a imponer su ley.

Tal vez el gobierno de Pedro Castillo tenga la intención de parecerse a una propuesta socialdemócrata. El problema es, precisamente, que muchos de sus actos y muchos de sus socios estratégicos están en contra de un modelo en el que se busca una optimización del bienestar social pero con respeto de las libertades de conciencia, información y opinión. Está visto que al Gobiderno no le gusta la libertad de prensa, mínima expresión de los derechos mencionados anteriormente, y es este ánimo antidemocrático el que resta de a pocos legitimidad a su defensa y lo obliga a recurrir a las masas violentas y sus expresiones primitivas con el pretexto de llevar la política a las calles.

No se puede volver a la tan dañina estrategia política de la “escopeta de dos cañones”. La hemos visto gestión tras gestión como la forma más acabada de la hipocresía, la misma que por un lado expresa su amor al indefinible concepto de “pueblo” y al mismo tiempo le niega el derecho a saber lo que ocurre. Los ciudadanos y las instituciones de la sociedad civil debemos poner un alto a las agresiones, vengan de la izquierda o de la derecha, porque una sociedad sumida en la violencia no es viable y no puede sobrevivir. Nuestro país atraviesa una de las peores crisis de gobernabilidad de su historia y es preciso que las fuerzas verdaderamente democráticas, respetuosas del marco legal y consecuentes con su misión de asentar la institucionalidad, dejen de lado su tibieza y reclamen al Gobierno claridad de mensaje, verdadera contundencia para defender los intereses del país; es decir, el respeto por las sacrosantas libertades públicas y el trato digno a la prensa que es el bastión del discurso divergente, del disentimiento, y la negación de la mentalidad de rebaño.

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