Editorial: Panorama sombrío para la economía

Editorial: Panorama sombrío para la economía

Se equivocan los voceros del Gobierno cuando pretenden atribuirle el crecimiento “rebote” de 13% que se espera para la economía en el año que termina.

A decir de expertos, este resultado se debe a que la actual administración, por azar o suerte, se encontró en el camino con una tregua de la tercera ola pandémica, lo que la ha generado una momentánea situación favorable caracterizada por términos positivos, debido a los cuales no ha tenido la necesidad de revertir el proceso de apertura de las actividades económicas. Sin embargo, nada de este efecto pasajero es atribuible a la gestión del actual Gobierno.

Se trata de un crecimiento estadístico, por inercia, basado en proyectos ya iniciados que las nuevos inquilinos de Palacio y del MEF encontraron, y no les quedó otra que dejarlos continuar.

En lo que va de su gestión, la administración Castillo no ha tenido un solo proyecto de inversión significativo licitado, mucho menos empezado. Lo que sí ha hecho y sigue haciendo el Gobierno es afectar negativamente el ambiente para la inversión privada, no ha hecho más que mantener en zozobra a los actores económicos. Otro “logro” del profesor es hacer que las expectativas de recuperación económica vuelvan a ser negativas; así como priorizar el populismo y la entrega de bonos y no la generación de empleo.

No solo eso, el exministro de economía Luis Miguel Castilla ha enmendado la plana al titular del MEF, Pedro Francke, cuando (este último) afirma que la colocación de US$5,000 millones de deuda a una tasa baja demuestra confianza de los mercados en la política fiscal del país. Para Castilla, dicha colocación no es atribuible a la inestable y turbulenta era perulibrista caracterizada por gatillar una gran reducción en la calificación de riesgo crediticio, sino a una política de responsabilidad fiscal de los últimos 25 años.

Debido a errores como estos, el panorama económico del país pinta muy sombrío para el 2022. La desaceleración que ya se manifiesta en la caída de sectores clave como la construcción y minería, será más notoria el próximo año desde el primero o segundo semestre.

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