Editorial: ¿Los ociosos morirán de hambre?

Editorial: ¿Los ociosos morirán de hambre?

El presidente Castillo nos tiene acostumbrados a frases que provocan risa, preocupación o indignación.

Creíamos que el mandatario no podría superar tan pronto la marca establecida cuando dijo que no quería “un medio ambiente, sino un ambiente completo”, pero nos equivocamos. Es que la realidad política peruana puede superar enormemente las expectativas y cálculos, incluso los más cautos.

Ahora el presidente ha dicho que la hambruna -una amenaza que se cierne sobre medio planeta- “solo les va a dar a los ociosos”. ¡Excelente manera de trazar la política alimentaria y productiva del país frente a una crisis de la que el Perú no podrá eximirse al paso en que vamos! En efecto, de todas las frases que nos ha regalado Castillo en estos meses, considerando también la campaña electoral, la pronunciada en Huaura ha sido la más irresponsable de todas.

Nos ofrece una imagen completa del mandatario, una persona que no es capaz de comprender la magnitud del problema que debe enfrentar como rector de la política estatal, un individuo que, a pesar de ostentar el máximo cargo administrativo del país, imagina que es presidente de un solo sector y constantemente atiza el conflicto con sus opositores ciertos o imaginarios.

¿Quiénes son los ociosos a los que se refiere? ¿Habrá querido referirse a la “burguesía” que en la mentalidad de Castillo y los perulibristas sigue siendo el peor enemigo de la patria? ¿Se referirá acaso a los políticos que utilizan sus cargos y sus conexiones para enriquecerse?

Esto último parecería calzarle mejor al propio Castillo y a su entorno, gente que ha aprovechado el poder conferido por las urnas para entronizar a la ilegalidad, la corrupción, la informalidad y la destrucción paulatina del país a causa de una peligrosa obnubilación moral que defrauda a quienes confiaron en un proyecto que se presentaba como la oportunidad de una profunda transformación del país.

El eslogan “no más pobres en un país rico” es hoy una bandera hecha jirones y los ociosos no han pasado desapercibidos para la ciudadanía. Definitivamente no lo son el humilde conserje ni el industrial que ofrece trabajo a pesar de las pocas esperanzas de hacer negocios en este país devastado por la falta de horizontes. ¡Los ociosos están en los grandes cargos, en Palacio, en el Congreso, en los señoríos regionales y comunales…!

 


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