Editorial: Los cambios que nos caen encima

Editorial: Los cambios que nos caen encima

Existe cierto consenso en advertir que el precio de los combustibles experimentarán un alza superior a los cinco soles a partir del 1 de julio, fecha en que se hará efectiva la reclasificación de la gasolina en dos categorías en vez de todas las conocidas y comercializadas actualmente.

Dadas las especiales circunstancias en que el Gobierno ha tomado esta decisión -la guerra en Europa, el incremento del precio de barril de crudo, la escasez mundial y la inestabilidad generalizada-, no es posible ver con indiferencia los posibles efectos de esta política.

En principio, como suele ocurrir en estos casos, las consecuencias serán costeadas por los usuarios finales del sector transporte, quienes se verán obligados a pagar el alza con pasajes más caros. Actualmente, los pasajes ya causan dolor de cabeza en los ciudadanos y trasladarse en taxi en Piura no baja de siete soles.

¿Podríamos terminar pagando más de diez por una ruta corta? Es probable si la situación se mantiene tal cual. A ello debemos agregar este segundo aspecto: tomemos en cuenta que el alza del petróleo y la gasolina se avizora como un fenómeno peligrosamente progresivo en tanto no se resuelva la crisis internacional, y aún si esto último ocurriera, difícilmente se volvería a los precios precríticos.

¿Debería el Gobierno llevar adelante una reforma en la clasificación de los combustibles en estos momentos a pesar de que se lleva por delante la precaria economía de transportistas y pasajeros? Creemos que es posible esperar. Es cierto que desde hace algunos años hay una tendencia internacional a reordenar los combustibles para forzar el uso de los de mejor calidad, pero el progreso impuesto sobre ruinas es menos comprendido, pobremente interiorizado y sus beneficios apenas disfrutados.

La política también tiene, entre otras funciones, la de imponer racionalidad y prudencia sobre los cambios, administrar las transformaciones socioeconómicas de manera que puedan ser positivas. En las actuales circunstancias, es probable que la reclasificación de combustibles solo sea beneficiosa para algunos empresarios, mas no para la generalidad trabajadora y contribuyente.

Esta post-data es necesaria: ¡Cuánto mejor se habría soportado esta crisis si los políticos no hubieran entorpecido la explotación de nuestro petróleo nacional!

 

 


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