Editorial: Las prioridades en el Midagri

Editorial: Las prioridades en el Midagri

Nos preguntamos qué es lo que el ministro Andrés Alencastre considera en este momento como prioritario, si hacer cambios en el Ministerio de Desarrollo Agrario (Midagri) o resolver la urgente escasez de fertilizantes.

El proceso de compra de urea, que debía ser completado antes de la quincena de julio, ha vuelto a fojas cero y el riesgo de que la situación del agro empeore es cada vez más real. Sin embargo, en lugar de desactivar esta bomba de tiempo social -que provocaría pérdidas millonarias en todo el país-, el ministro parece haber enfocado sus energías en depurar al Midagri, un proceso que, sin duda, también es importante dado el deterioro moral en que han caído las instituciones públicas en los últimos meses.

Alencastre, probablemente, sienta que debe marcar una enorme diferencia respecto de las anteriores administraciones de la política agraria, ensombrecidas por la corrupción o directamente vinculadas a estas malas prácticas. No ha dudado en cortar lazos con los apadrinados por Vladimir Cerrón, pero creemos que en estos días ha dado demasiado énfasis a la moralización por encima de la eficacia. La Contraloría ha pedido agilizar por todos los medios legales posibles la compra de urea para evitar que el país caiga en una crisis que, en las actuales circunstancias, podría tener consecuencias devastadoras.

Descuidar las gestiones con los productores extranjeros de fertilizantes para salvar la economía de las grandes mayorías nacionales sería contraproducente para el actual Gobierno. ¿Qué pasaría si los 288 mil agricultores empadronados para beneficiarse con la repartición de urea se vieran de pronto defraudados? ¿Alcanzarán los ronderos recién armados para reprimir la ira popular?

La gran lección de los últimos once meses es que no se puede jugar con las expectativas de la ciudadanía: una administración eficiente combina la “desratización” del sector con el impulso a las tareas urgentes que conducen al más amplio beneficio.
La agricultura, a diferencia de la minería tradicional y otras industrias, será la única actividad económica indispensable para la reconstrucción de las economías en la era de la postpandemia y la posguerra; el Perú y su suelo particularmente privilegiado para esta actividad son las bases para un prometedor relanzamiento económico.

 


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