Editorial: La Segunda Reforma Agraria

Editorial: La Segunda Reforma Agraria

Cuando escuchamos decir “reforma agraria”, inevitablemente pensamos en el polémico experimento social, económico y cultural emprendido por el Gobierno Revolucionario de las Fuerzas Armadas, que aún en nuestros días es causa de encendidos debates: hay quienes piensan que este acto de reivindicación campesina reconfiguró la idiosincrasia del peruano, mientras que otros denuncian los efectos destructivos que semejante empresa causó en la capacidad productiva nacional -se estima que la reforma agraria velasquista, desde el punto de vista técnico, nos costó treinta años de retroceso-.

Ayer el presidente Pedro Castillo, quien reclama para su gobierno la realización de cierta redención social, lanzó la Segunda Reforma Agraria, la cual no tratará de violentas expropiaciones como ocurrió en los años 70, sino de apoyar material y tecnológicamente al campesino para sostener la productividad del campo. Hasta entonces, todo suena bien: la agricultura, una de las bases de la economía nacional, ha sido históricamente incomprendida, incluso por aquellos que reclamaban para sí mesiánicos títulos populistas.

Es necesario que el Perú del Bicentenario recupere el valor de la actividad agrícola y la convierta en un verdadero eje de la economía nacional proyectándola más allá de su carácter primario y convirtiéndola en una verdadera industria sostenida. Hasta el momento no hemos escuchado al presidente Castillo hablar sobre esa fase superior de la agricultura.

Es necesaria la industrialización y la elevación de los estándares de calidad para vender al extranjero con valor agregado.

¿Hacia ello apunta la gestión de Castillo? A pesar del anuncio de ayer, se desconoce si hay un proyecto de ley que permita esclarecer estas dudas, que señale las fases y procedimientos. Se sabe que el Estado contribuirá con la compra de la producción de los campesinos, que las cooperativas de producción recibirán apoyo, algunos ya lanzan y comentan cifras, pero quedan muchos vacíos que el Gobierno -y, en particular, el Ministerio de Agricultura- deben completar. Nos preguntamos adicionalmente si ciertas incompetencias políticas en el grupo de confianza del presidente de la república afectarán las buenas intenciones de esta Segunda Reforma Agraria, si esta medida tendrá la fuerza para constituirse como una política de Estado. Ello se sabrá en la semana.

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