Editorial: Con la economía no se juega

Editorial: Con la economía no se juega

Las políticas asistencialistas no son gratuitas ni inocuas.

Tarde o temprano pueden provocar desequilibrio en la caja del Estado, más aún en épocas de crisis, cuando se pretende repartir más mientras se recauda menos.

Años después del fiasco económico ocasionado por la gestión aprista entre los años 1985 y 1990, los peruanos nos creíamos curados de recurrir a ese diccionario de facilismos y promesas vacías en que resuenan las palabras “subsidio”, “incentivo”, “asistencialismo”, “deuda social”, “bono”, etc.

¿Qué pasa cuando estas palabras no se acompañan de otros conceptos, como “generación de empleo”, “inversión”, “recaudación eficiente”, etc.? Lo más probable es que el país, desaprovechando la ventaja relativa que nos da el alto precio de ciertas materias primas y abominando sin motivo alguno la inversión privada, termine hundido en una crisis que se contabilizará en décadas de atraso: es más fácil expandir una economía con recetas que superpongan la eficacia a los deseos y a los intereses políticos, que rescatarla del abismo y devolverla a sus niveles precríticos aplicando la fallida táctica del paternalismo estatista.

No obstante estas evidencias científicas, el Gobierno parece no estar de acuerdo con ellas y pretende construir su gestión sobre lo que queda del desarrollo acelerado de las tres últimas décadas insistiendo en seguir el camino que ha llevado a otras naciones a dilapidar sus riquezas.

¿Pero es solo una cuestión de terquedad? Lógicamente, no. A pesar de que existe un fuerte componente ideológico en las decisiones que toma el Ejecutivo, hay también un obvio interés político inmediato: así como en tiempos antiguos los mandatarios desprestigiados compraban con pan y circo el favor de los gobernados, el presidente Castillo y su guardia pretenden comprar conciencias con bonos y otros regalos, aprovechando que la educación económica -como la cívica- no es el fuerte de los peruanos.

Debemos preguntarnos si la “viabilidad democrática” de un Gobierno que ha decepcionado desde el primer día vale un depósito mensual o un subsidio planeado sin la más mínima precaución y responsabilidad.

Esperamos, en aras de la gobernabilidad, que sea el mismo Ejecutivo el que comprenda que con la economía no se juega.

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