La economía de América Latina y el Caribe mantiene una capacidad de resistencia superior a la observada en períodos anteriores de incertidumbre global. Así lo señala el BID (Banco Interamericano de Desarrollo), que destaca que la región ha logrado sostener sus perspectivas de crecimiento gracias a años de fortalecimiento en la gestión económica y una mayor estabilidad macroeconómica.
De acuerdo con el organismo multilateral, las proyecciones de crecimiento para América Latina y el Caribe permanecen estables a pesar de los recientes desafíos internacionales, incluidos conflictos geopolíticos, presiones inflacionarias y alteraciones en las cadenas globales de suministro.
El informe destaca que los países de la región ingresaron a este escenario internacional complejo con fundamentos económicos más sólidos que en crisis anteriores, lo que ha permitido amortiguar parte de los impactos externos.
¿Qué dice el BID sobre la resiliencia económica de América Latina?
Según el BID, América Latina y el Caribe han demostrado una resiliencia significativa frente a las recientes turbulencias internacionales. Uno de los factores que explica este desempeño es la mejora gradual en la administración fiscal, monetaria y financiera registrada durante los últimos años.
La entidad señala que eventos como el conflicto que involucra a Irán han generado consecuencias económicas de alcance global. El aumento de los precios de la energía, las dificultades en las cadenas de suministro y las presiones sobre los mercados de fertilizantes son algunos de los efectos que ya se observan en diversas economías.
Estas perturbaciones impactan simultáneamente en variables clave como la inflación, el crecimiento económico y los balances externos de los países. Sin embargo, la región ha conseguido mantener una relativa estabilidad frente a estos desafíos.
Mercado laboral y confianza de inversionistas muestran estabilidad
Uno de los indicadores que refleja la fortaleza relativa de la economía regional es el comportamiento del empleo. El informe citado por el Suplemento Económika del Diario El Peruano indica que la tasa de desempleo se mantiene cerca del 6%, el nivel más bajo registrado en más de una década.
Asimismo, el ánimo de los inversionistas continúa mostrando señales de estabilidad. Los diferenciales soberanos de la economía mediana de la región se mantienen alrededor de 219 puntos básicos, ubicándose por debajo de los niveles observados antes de los recientes episodios de tensión internacional.
Estos indicadores sugieren que los mercados mantienen una percepción relativamente positiva sobre la capacidad de los países latinoamericanos para enfrentar un entorno económico global más desafiante.
Los amortiguadores que fortalecen a la región, según el BID
El BID destaca que América Latina y el Caribe cuentan con ventajas estructurales que contribuyen a reducir la vulnerabilidad frente a shocks externos.
Uno de los elementos más importantes es la composición de su matriz energética. Cerca del 60% de la electricidad generada en la región proviene de fuentes renovables, una proporción que duplica aproximadamente el promedio mundial.
Esta característica reduce la exposición directa de las economías latinoamericanas a las fluctuaciones de los precios internacionales del petróleo y contribuye a moderar los efectos de las crisis energéticas globales.
No obstante, el organismo advierte que la resiliencia no significa inmunidad. Un entorno internacional más débil podría afectar gradualmente el desempeño económico regional durante los próximos meses.
¿Cuáles son los principales riesgos económicos para América Latina?
A pesar de los avances registrados, el informe identifica diversos desafíos que podrían limitar el crecimiento económico regional.
Entre ellos destacan los elevados niveles de deuda pública, el incremento de los costos de financiamiento y la persistente incertidumbre internacional, factores que continúan presionando las condiciones financieras de varios países.
Además, el organismo recuerda que América Latina llega a este período con un crecimiento de largo plazo relativamente débil. Durante la última década, la expansión promedio de la región se ubicó alrededor del 1% anual, una cifra considerada insuficiente para reducir significativamente las brechas sociales y productivas.
Las tres prioridades de política económica recomendadas por el BID
Frente al actual contexto internacional, el BID plantea tres líneas de acción prioritarias para los gobiernos de la región.
1. Proteger a los hogares más vulnerables
La institución considera fundamental fortalecer los mecanismos de apoyo dirigidos a los sectores más afectados por el aumento del costo de vida. Los programas de transferencias monetarias focalizadas y los seguros de desempleo pueden contribuir a reducir el impacto económico sobre las familias de menores ingresos.
2. Mantener la disciplina fiscal
El organismo advierte que los presupuestos públicos no pueden absorber por sí solos los efectos de un choque económico de gran magnitud. Por ello, recomienda evitar medidas que comprometan la sostenibilidad fiscal de largo plazo y priorizar respuestas temporales y focalizadas.
3. Diversificar la producción y fortalecer la oferta
El informe sostiene que las interrupciones globales son cada vez más frecuentes y complejas. En consecuencia, los países deben impulsar estrategias que permitan diversificar sus fuentes de suministro, fortalecer sectores productivos clave y aumentar la capacidad de respuesta ante futuras crisis.
Precios de los alimentos: una preocupación creciente para la región
Uno de los temas que genera mayor preocupación para el BID es el comportamiento de los precios de los alimentos, especialmente para los hogares de menores ingresos.
La entidad advierte que los alimentos representan una parte significativa del gasto familiar en los sectores más vulnerables. Como consecuencia, cualquier incremento sostenido de precios puede deteriorar rápidamente el poder adquisitivo y aumentar los niveles de pobreza.
Las estimaciones del organismo indican que este fenómeno podría generar incrementos de entre 0.3 y 0.8 puntos porcentuales en los índices de pobreza de algunos países.
Además, el aumento de los precios de la energía y de los fertilizantes suele trasladarse posteriormente a los costos de producción agrícola. Este efecto puede prolongarse durante varios meses e incluso extenderse hasta un año después del incremento inicial de los insumos.
La relación entre energía, fertilizantes e inflación alimentaria
El BID explica que el gas natural es uno de los principales insumos utilizados en la fabricación de fertilizantes nitrogenados. Debido a ello, los aumentos en los precios de la energía suelen traducirse rápidamente en mayores costos para la producción agrícola.
Las economías más dependientes de las importaciones son las que enfrentan mayores riesgos. En varios países de América Latina ya se observan presiones sobre la inflación alimentaria, mientras que las naciones del Cono Sur presentan una situación diferente gracias a su condición de importantes productores de alimentos.
Según las estimaciones del organismo, las fluctuaciones en los precios de los fertilizantes pueden reducir el crecimiento económico hasta en 0.16 puntos porcentuales y elevar la inflación en aproximadamente 0.3 puntos porcentuales.
Para enfrentar estos desafíos, el banco recomienda diversificar las fuentes de energía, ampliar la producción local y regional de fertilizantes, mejorar la logística y fortalecer la infraestructura comercial. Estas acciones permitirían reducir la dependencia de factores externos y aumentar la capacidad de respuesta frente a futuras tensiones en los mercados internacionales.
Durante 2024 y 2025, el crecimiento económico de América Latina y el Caribe se ubicó alrededor del 2.5%, en línea con los niveles observados antes de la pandemia. Aunque la mayoría de las economías registró avances y, en muchos casos, superó las previsiones iniciales, el crecimiento regional continuó mostrando un ritmo moderado dentro de un contexto internacional marcado por la incertidumbre.











