Dos gravísimas preocupaciones

Dos gravísimas preocupaciones

Dos asuntos preocupan al país: la posible presencia de la variante ómicron en el país y la increíble indolencia con que el Gobierno trata aquellos asuntos que podrían costarle la vida institucional.


Sobre lo primero, las autoridades de salud ya han puesto en marcha todas las labores de rastreo de los contactos del paciente peruano que fue detectado en Japón. Es importante, en cualquiera de los casos, mantener la calma e insistir en las medidas de prevención que las autoridades ya habían enseñado a principios de la pandemia: lavado de manos, distancia social y uso de mascarillas -y protector facial adicional, si fuera posible-. Frente a cualquier variante, los ciudadanos debemos recordar que no tenemos armas más eficaces que la prevención y la vacunación.

La prevención ha sido olvidada en muchos lugares, pues existe la falsa creencia de que esta pandemia se encuentra en su etapa final. Lo cierto es que no sabemos todavía qué más podría pasar y no podemos darnos el lujo de experimentar con nuestra salud cuando ya se ha demostrado hasta el hartazgo que no somos seres aislados, sino que compartimos un entorno con millones de personas, quienes no deberían sufrir por las elecciones que libremente tomemos. Debemos cuidarnos y debemos vacunarnos.

Un importante sector del país todavía muestra sus reticencias a la inmunización, pero es necesario insistir en que, a lo largo de la historia humana, las vacunas han sido el principal escudo frente a las amenazas del mundo exterior. Negarse a la vacunación es negar validez al mayor hito de nuestra civilización y despreciar el arma principal contra una esperanza de vida corta.

Sobre lo segundo, no hay mucho que decir: el Gobierno apenas ha podido dar una explicación a los últimos hechos develados por la prensa y ha sido la premier Mirtha Vásquez -quien, al parecer, tendría los días contados en el puesto- quien ha puesto la cara y ha dicho que se revelará quiénes visitaron el domicilio del mandatario. Lo que no ha dicho es que ello viene por un mandato de la justicia y no por la buena voluntad y el afán de transparencia del Ejecutivo. Esta es, de lejos, la peor y la más boba de las crisis que enfrente el país.

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