Editorial: Desprecia al país y no soluciona conflictos

Editorial: Desprecia al país y no soluciona conflictos

Acorralado por la crispación social generalizada y el rechazo mayoritario al mamarracho en que se ha convertido su Gobierno, y a pocos días de haber engañado descaradamente al cardenal Pedro Barreto diciéndole que iba a conformar un gabinete de ancha base y convocar al Acuerdo Nacional, Pedro Castillo cambió su piel de cordero y sacó las uñas comunistas y dictatoriales, con el evidente propósito de agudizar la crisis y “justificar” lo que hace pocos meses negaba: promover una nueva Constitución.

Los peruanos atestiguamos los desatinos de un presidente deslegitimado hasta más no poder y aterrorizado al no poder dar solución a las ingentes demandas sociales. Ante ello, otra vez intenta acallar las protestas con el látigo de la Constituyente y la Nueva Constitución.

Es casi el mismo patrón empleado el pasado 5 de abril, cuando a media noche mandó a encerrar a todos los limeños para librarse del rechazo ciudadano. El último viernes al anunciar un proyecto de ley para una nueva carta magna, bajo el esquema cerronista, probablemente sabía que aumentará su impopularidad, hay quienes opinan incluso que acaba de firma su “carta de defunción”, pero lo hace para ganar tiempo, para distraer.

Como no tiene qué resultados mostrar, no hay solución al conflicto en Las Bambas, Cuajone, a las exigencias de los agricultores ante el riesgo de escasez de alimentos; como no puede hacer andar las instituciones con funcionarios que no dan la talla o son prontuariados, etc. entonces recurre a la sombra del asambleísmo.

Sólo el miedo patológico a dejar Palacio, aunque más del 60% del Perú se lo pida, explica también su silencio cómplice ante los delirios de su premier Aníbal Torres cuando se inventa un plan de golpe de Estado en gestación desde los cuarteles.

Lo único cierto, además del sincero rechazo expresado el viernes por los excomandos de Chavín de Huantar, es que en medio de una crisis política, económica y sanitaria agudizada por uno de los peores gobiernos de la historia, lo menos que se necesita es una constitución redactada por los propulsores del caos.

Lo único positivo de todo esto es que nadie como Castillo es más capaz de terminar de convencer a las calles de que no puede seguir en el poder ni un minuto más.


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