Criollada o astucia

Criollada o astucia

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Joaquín Schwalb Helguero
Colaborador

Mi amigo Chechi me contó que cuando estaba en la UNI tenían que hacer largas colas de madrugada para poder elegir los mejores horarios en los cursos de alta demanda. Naturalmente, a esa edad con los amigos hacían causa común y sazonaban la espera con una chata de ron o pisco que compartían solidariamente. Al abrirse la matrícula por la mañana, los privilegiados trasnochadores veían coronados sus desvelos.

A fin de evitar contingencias en los próximos ciclos y aprovechando su carisma, el buen Chechito se acercó a la oficina del asistente de admisión a quien le había caído en gracia y planteó su inquietud. El asistente accedió insinuando una “justa contrapartida”  de 50 soles por la gestión VIP. El trato preferencial se hizo extensivo a los más amigos quienes, previo pago, gozaron de esta graciosa celeridad por dos ciclos seguidos.

Como “a la tercera va la vencida”, el secreto se expandió y el criollazo asistente les aplicó la ley… de la oferta y la demanda, duplicándoles la tarifa “oficial”. Así hubiera seguido si no fuera porque la demanda proliferó y el sistema cayó por su propio peso.

La criollada es una mentalidad arraigada en el peruano medio y aunque a menudo solo origina una cómplice sonrisa es, por definición, un abuso que parte del oportunismo; una actitud ventajista que se aprovecha del prójimo respetuoso de las normas de convivencia quien, por no aprovecharse, acaba sintiéndose un tonto. Es todo lo contrario a la sinergia: es un gana-pierde, no un gana-gana.

Aquí tenemos dos definiciones de criollada: (1) creatividad inmoral a la que estamos acostumbrados; (2) incumplimiento de la ley en beneficio propio. Quien utiliza la criollada no mantiene su palabra, no le interesa el tiempo ajeno y con su egoísta actitud solo entorpece el camino a ser una nación de primer mundo.

La astucia, en cambio, reflejada en el zorro de la fábula, supone una actitud alerta. El zorro es taimado, pero no tiene que ser inmoral sino más bien pensante y reflexivo. El astuto mira todos los ángulos y obtiene ventaja en el largo plazo a través de un sesudo planeamiento y un enfoque estratégico, donde el vecino puede también ganar o sentir que no pierde.

La frase de Gastón Acurio, “sé peruano, no criollo”, sintetiza el imperativo para la (r)evolución social que requiere el Perú.

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