“Cargué bultos en el mercado y ahora tengo mi tienda”

“Cargué bultos en el mercado y ahora tengo mi tienda”

José Purizaca Rojas, sastre y confeccionista. Piura

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La historia de éxito de José Purizaca se comenzó a escribir en las calles del mercado, donde junto a otros niños no dudó en convertirse en un “mil oficios” para ayudar a su familia. Una oportuna intervención del programa “Manitos Trabajando”, forjó en él al emprendedor que ahora, 16 años después, tiene su tienda de confecciones y sueña con tener su propia marca de ropa femenina.

–¿Qué hiciste en el mercado?

–Trabajé cargando bultos, vendiendo frescos, verduras, arreglando zapatos. Hice casi de todo.

–¿Por qué trabajaste ahí?

–En mi casa éramos 8 hermanos y teníamos que apoyar en la familia. Así que desde los 6 años con mis hermanos empezamos a ir al mercado a trabajar. Lo primero fue reciclar y vender cartones. Podría decir que me he criado en el mercado. Trabajaba de 7 a.m. hasta la 1 p.m., para luego ir al colegio.

–¿Cuánto ganabas?

–Entre 3 y 5 soles por día, pero para mí era dinero y a nosotros nos alcanzaba.

–¿Cuál fue tu peor experiencia?

-Hay varias pero recuerdo que me atropelló un carro y quedé mal de la columna. También a los 13 años me golpearon dos delincuentes para robarme 5 soles.

–¿Cómo conociste el proyecto Manitos Trabajando?

–Lo conocí a los 15 años porque había gente que estaba difundiendo la noticia. Llegué temeroso pero al ingresar me sentí atraído por el carisma y el trato de la gente. Era otro ambiente, muy diferente al mercado donde el trato era tosco y rudo hacia los niños porque los confundían con “pirañas”.

–¿Qué oficio aprendiste?

–Elegí sastrería porque eso viene de familia, pero me fue gustando más porque Manitos era uno de los pocos centros que había rescatado este oficio. Además la formación era de pies a cabeza, te hacían ver las cosas de otra manera y ser solidario. Son valores que me ayudaron en toda mi vida.

–¿En qué otros lugares trabajaste?

–Me fui a Gamarra pero el dueño de la tienda no era bueno con la gente de provincia. Luego, trabajé como vendedor pero no dejé de capacitarme para perder los miedos y regresé otra vez a los talleres de confección de Gamarra. No me quedé ahí sino que trabajé en talleres de confección para exportación que es otro nivel. Mi filosofía era aprender todos los días.

.–¿Cuándo decides regresar?

–En el 2012 ya me instalé en Piura con mi taller propio llamado “Confecciones Alejandra” por el nombre de mi hija. Me dedico al servicio de confección para varias empresas. Todo lo que aprendí en Lima lo aplico acá.

–¿Cómo llegaste a la asociación de confeccionistas de Piura?

–La asociación se fundó el 2012 y agrupa a más de 200 confeccionistas industriales. Nuestra meta es traer conocimiento y tecnología para que todos mejoren lo que es acabado. Mi sueño es que Piura sea el próximo Gamarra. Tenemos potencial y mano de obra calificada pero no se cubre la demanda.

–¿Qué hacer entonces?

-Proyectos para capacitar. Además el oficio de sastre lo aprendí gracias a Manitos Trabajando, entonces es una forma de devolver lo que recibí gratis.  

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