¿Cambios institucionales sin cambios personales?

¿Cambios institucionales sin cambios personales?

En mis últimas colaboraciones he hablado sobre métodos antiéticos utilizados por los vendedores de seguros y mientras tanto leía sobre la detención de un policía corrupto y el retiro de títulos a una de nuestras congresistas por no contar con certificados de estudios.

Conversaba con mis alumnos sobre el recientemente recordado autogolpe del 5 de abril de 1992 y el mensaje a la nación que lo anunciaba, pronunciado por el propio Presidente de la República, señalando que uno de los motivos de su decisión era cambiar las estructuras institucionales corruptas que tenían copado a nuestro país. Les pregunté si, luego de 25 años, se había eliminado la corrupción y la respuesta, naturalmente, fue negativa.

Estoy de acuerdo con el director de este medio cuando señalaba hace unos días que el problema no está en las instituciones ni la solución en las penas severas, sino que es una cuestión de personas y de la formación moral que nos está faltando.

Pretender un cambio de estructuras institucionales sin intentar primero o a la par un cambio de las personas es una ilusión o espejismo que ha vivido la humanidad desde tiempos inmemoriales.

Las estructuras sociales tienen su origen en las actitudes concretas de las personas. La sociedad se nutre de las actuaciones, buenas o malas, de sus miembros.

Puede haber mucho conocimiento científico, político, económico o social, pero si no hay una verdadera formación moral desde la familia, las escuelas, las amistades, el vecindario, etc., no habrá un verdadero desarrollo social.

La ética o la moral no son asuntos estériles que deben relegarse a ámbitos puramente académicos. Es una ciencia práctica que proporciona directrices para la acción, para el crecimiento personal y social. No basta conocerla, es necesario también vivirla, para poder también captarla mejor.

Como ha dicho el padre Ricardo Gonzales, en la última apertura del año académico en la UDEP, más que decir qué o cómo deberían hacer las cosas los demás, es hora de preguntarme y preguntarnos cada uno: ¿Y yo qué estoy haciendo cada instante, donde sea que me encuentre, por mi formación moral y la de los míos?


Escrito por: Renato Cárcamo
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Renato Cárcamo

Renato Cárcamo

Socio de Cárcamo Abogados. Abogado por la Universidad de Piura.