Así fue el discurso de Fujimori para justificar el autogolpe del 5 de abril

Así fue el discurso de Fujimori para justificar el autogolpe del 5 de abril

Hace 27 años el entonces presidente Alberto Fujimori dio un discurso que prácticamente cambió la historia del Perú. En una jugada pragmática liquida de un solo plumazo al Congreso de la República. Dos cámaras, senadores y diputados, en las cuales el partido de gobierno, Cambio 90, era minoría. Fue el llamado autogolpe del 5 de abril.

Discurso de Alberto Fujimori (PDF)

Un extracto del discurso

Es cierto que la propia Constitución prevé los mecanismos para su modificación, pero es igualmente cierto que para que ello suceda se necesitan dos primeras legislaturas ordinarias consecutivas, lo que vendría a significar que, casi al término del presente mandato, recién contaríamos con los instrumentos legales necesarios para la reconstrucción general del Perú. Y ello si el Congreso se decide a aprobar las modificaciones necesarias, incluyendo aquéllas que son contrarias a los intereses de los propios parlamentarios, como por ejemplo, la reducción de sus emolumentos o la no-reelección.

¿Cuál es la institución o mecanismo que permitiría realizar todos los cambios profundos que a su vez hagan posible el despegue del Perú? Sin lugar a dudas ni el Parlamento, ni el Poder Judicial son hoy por hoy agentes de cambio, sino más bien freno a la transformación y el progreso.

Como presidente de la República, he constatado directamente todas estas anomalías y me he sentido en la responsabilidad de asumir una actitud de excepción para procurar acelerar el proceso de esta reconstrucción nacional, por lo que he decidido tomar las siguientes trascendentales medidas.

Disolver temporalmente el Congreso de la República, hasta la aprobación de una nueva estructura orgánica del Poder Legislativo, la que se aprobará mediante un plebiscito nacional.

Reorganizar totalmente el Poder Judicial, el Consejo Nacional de la Magistratura, el Tribunal de Garantías Constitucionales, y el Ministerio Público para una honesta y eficiente administración de justicia.

Reestructurar la Contraloría General de la República con el objeto de lograr una fiscalización adecuada y oportuna de la administración pública, que conduzca a sanciones drásticas a los responsables de la malversación de los recursos del Estado.

En Caretas y La República

El 10 de abril, salió en Caretas –revista que se opuso al golpe desde el principio– un encendido editorial escrito por el recordado Enrique Zileri Gibson. Aquí lo copiamos en su integridad:

Dejémonos de medias tintas que en estos días lamentablemente, parecen estar agotándolas varios medios de comunicación.

Confesemos una inconfundible sensación de náuseas ante la persistencia de tanto corifeo en nuestro país. Apenas surge un dictador, allí están ciertos blanquitos que, calculadora en el bolsillo, creen haber encontrado al hombre fuerte que ponga orden, reprima a los cholos y les dé el gusto. Y allí siguen ciertos cholos que, petición en mano, piensan haber encontrado al taita que les proporciones como dádiva una solución mágica a sus problemas. Parece que hubiéramos vuelto a 1968 o, mejor dicho, a 1948. Poco les importa la represión a los corifeos, hasta que les toca a ellos. Entonces se quejan sin encontrar una prensa libre que les sirva siquiera como paño de lágrimas.

Expresamos también nuestra indignación ante la inaudita arrogancia del ingeniero Alberto Fujimori y recalquemos nuestro repudio ante mucha de sus afirmaciones, porque las sabemos falsas y demagógicas.

Fujimori culpa de buena parte de sus frustraciones a un Congreso Nacional en el que prima una dispersa mayoría opositora.

Hagamos un poco de memoria.

No es culpa de la oposición que un sector importante de la bancada de Cambio 90 se haya apartado del movimiento, reduciendo aún más la representatividad del oficialismo en el Parlamento. La culpa la tienen más bien el desdén con que Fujimori a tratado desde un principio a sus dirigentes, a sus militantes, y hasta a sus propios vicepresidentes y primeros ministros.

No es culpa de la oposición que el gobierno no haya hecho mayor progreso en la venta de empresas públicas, y que el estado siga perdiendo unos cinco millones de dólares al día solo por ese concepto, sino de la ineptitud e indecisión del propio ejecutivo y de varios nombramientos inexpertos que ha promovido el hermano Santiago del primer mandatario.

No es culpa de la oposición que se haya perdido aún más terreno en la lucha contra Sendero, ni que haya aumentado notablemente la corrupción y la delincuencia policial, sino del destructivo maltrato sufrido en este gobierno por esa institución, y de la consecuencia desmoralización y pérdida de eficacia que se ha registrado bajo la férula artillera del asesor Vladimiro Montesinos.

No es culpa de la oposición que en 1992 el presupuesto del gobierno central haya debido de ser promulgado por el Congreso con dispositivos que el Ejecutivo considera objetables, sino del desconocimiento que hizo Fujimori de los acuerdos negociados con la Comisión Bicameral por su propio Ministro de Economía, Carlos Boloña. Al negarse sorpresivamente Fujimori al promulgar la ley el Congreso también endureció su posición en la insistencia.

No es culpa de la oposición que renunciara Hernando de Soto a la asesoría de Fujimori, o que el gobierno norteamericano recortara sustancialmente la ayuda pactada en un convenio bilateral antidrogas que ha fracasado en su primer intento, sino en la incapacidad o falta de voluntad de Fujimori para disciplinar a las fuerzas de seguridad. (Y en el particular a ciertos elementos del Ejército) en el campo de los derechos humanos y de la corrupción en la zona del Huallaga.

No es culpa de la oposición que el atraso cambiario no tenga antecedentes históricos, ni que el nivel de los intereses resulte prohibitivo, sino del manejo económico trazado por equipos del Ejecutivo y un Banco Central de Reserva independiente cuyo presidente fue seleccionado por Fujimori.

No es culpa de la oposición que el último paquete tributario provocara una disparada inflacionaria, sino de ciertos impuestos (algunos de imposible cobranza) aprobados por el gabinete ministerial bajo el amparo de facultades extraordinarias otorgadas precisamente por el Congreso.

No es culpa de la oposición que lo que va del Gobierno no se haya echado a andar un programa de compensación social a pesar de la ayuda internacional ofrecida por el ex secretario general de la ONU, Javier Pérez de Cuellar.

No es culpa de la oposición que ciertas destacadas iniciativas de Fujimori en el terreno internacional se reduzcan a fenómenos pasajeros e inconsistentes. Eso culpa del costoso estilo de la diplomacia personal de un mandatario que niega presencia y valor a la diplomacia profesional, y de las contradicciones inmediatas de su propia trayectoria.

No es culpa de la oposición que la señora Fujimori acusara a los familiares de su esposo de manejar impropiamente las donaciones, y que este punto no se aclarará a pesar de los requerimientos de un fiscal de confianza.

Finalmente, tampoco son culpa de la oposición los bajísimos sueldos de que se hayan venido asignando a militares y policías, ni la miseria que se ha debatido durante estos últimos 20 meses el Poder Judicial, ya que estas son prioridades presupuestales que fija el Ejecutivo.

Y ahora no es culpa de la oposición perseguida y apaliada que la comunidad internacional haya tachado a un gobernante elegido por el pueblo que ha traicionado a su juramento ante una Patria que se lo demandara.

Nadie duda de las tareas que padecen el Poder Legislativo y el Judicial en el Perú. Sobre ellas se ha extendido CARETAS numerosas veces. Pero nada justifica el acto de barbarie política que ha cometido Alberto Fujimori por decisión personal y con deplorable apoyo militar contra esos y otros estamentos de la institucionalidad democrática.

La estampa vergonzosa de tanques apostados frente a los palacios Legislativos y Judicial sellan la ilegitimidad histórica de Fujimori, y dramatizan las incongruencias que acompañan a tanto golpe de Estado.

Esas unidades y tropas que rodean en aparatoso número el domicilio del ex presidente Alan García Pérez y de los presidentes de las cámaras, Felipe Osterling y Roberto Ramírez del Villar, debieran estar en otra parte protegiendo a la población de la violencia subversiva.

Las consecuencias de este despilfarro de fuerzas no se han hecho esperar. Al asesinato en las calles de Lima de dos policías el lunes, y del hijo de un general el martes, Sendero pudo sumar el miércoles el espectacular asedio de armas de fuego a tres comisarías en el Cono Sur, y la demolición de la Villa El Salvador provocando una masacre de policías. Y este solo es el comienzo.

Que Fujimori no se engañe por los aplausos que recibe hoy en día. Son aclamaciones que se pueden evaporar más rápido que el sake. En la calle hay no solo incautos y curiosos, sino también miembros encubiertos del amplio séquito de seguridad que lo acompaña en esos menesteres. Tampoco es bueno entusiasmarse por las palmas de empresarios proclives al besa manos, ni de las espectaculares cifras porcentuales de encuestadores que, como él bien sabe, contrata Palacio.

El ingeniero tiene que comprender que ha cometido un acto suicida que niega mucho de lo más importante de su Gobierno había venido desarrollando, y que ha traicionado la fe de algunos de sus mejores amigos – aquí y en el exterior. Y ningún programa estrambótico y plebiscito organizado bajo parámetros autoritarios reparará el daño.

Mientras tanto, CARETAS coincide con la posición del ex presidente Belaunde y de la inmensa mayoría de los partidos políticos: conforme a las estipulaciones precisas y justas de la Constitución de 1979, la presidencia del Perú ya ha vacado.

 

Respuesta del pueblo

El 7 de abril de 1992 la encuestadora Apoyo publicó un sondeo realizado en Lima, en donde el 71% de los encuestados aprobaba la disolución del Congreso Nacional y el 89% la reestructuración del Poder Judicial.

20 años después, una encuesta realizada por Ipsos para el periódico El Comercio en marzo de 2012 reveló que el 47% de los encuestados considera que el autogolpe fue necesario, mientras que el 38% señaló que fue una medida innecesaria. Ante la situación hipotética de que se retornara a 1992, el 50% de los encuestados señaló que desaprobaría un autogolpe. La historia todavía tiene mucho que decir y analizar sobre este hecho que acaba de cumplir 27 años.

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