Salud, compadre

Salud, compadre

¿Nos tomamos unas aguas? No gracias, primito, mañana tengo entrenamiento, así que debo estar superzanahoria. Este es un diálogo frecuente y bastante arraigado en nuestro medio. En efecto, se asocia comúnmente “tomar” como “llegar hasta las últimas consecuencias”.

Por este motivo, “tomarse una chelita” o “una botánica de vinatea” es sinónimo de generar un clima propicio para exteriorizar las emociones y el “yo te estimo”. Esto es aceptado erróneamente como el ambiente que se busca y se cree necesario para socializar “como debe ser”.

¿Se han puesto a pensar por qué decimos salud? El alcohol es saludable pues por ser vaso dilatador nos ayuda a relajarnos, además de liberar endorfinas que hacen que estemos más felices y nos liberemos del stress con lo cual propendemos a disfrutar y a reír.

Una cerveza es ciertamente más sana que una gaseosa que contiene azúcar en proporciones dañinas para la salud. En cambio la cerveza -que es solo cebada, lúpulo y agua- es una bebida fermentada de baja graduación alcohólica que consumida con moderación juega un importante papel preventivo de enfermedades y aporta múltiples beneficios a nuestro organismo.

Al contrario de lo que la gente cree la cerveza tiene muy bajo contenido calórico y posee nutrientes que hacen que pueda incluirse dentro de una alimentación saludable integrando las mejores dietas.

Otro es el caso del vino tinto. Muchos fondistas lo tomamos cada noche: solo una copita en casa con la señora o socialmente de modo discreto. El vino tinto es reconocido como altamente beneficioso para el corazón, lo mismo que el pisco, licor también destilado de uva. Por algo se les conoce como “bebidas espirituosas”. ¡Pero por supuesto! Es que a uno le levantan el espíritu.

Entonces, uno se pregunta ¿por qué se denigra el consumo de estas bebidas alcohólicas cuando no solo son inocuas (en proporciones moderadas) sino que más bien son buenas para la salud, el ánimo y el deporte? La respuesta está en nuestra cultura criolla, donde el bebedor (1) no sabe controlar la cantidad que ingiere o (2) por un torcido concepto de machismo se pone a competir para ver “quien cae primero”. Una mentalidad absurda y primitiva.


Escrito por: Joaquín Schwalb Helguero
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Joaquín Schwalb Helguero

Joaquín Schwalb Helguero

Colaborador de El Tiempo.