‘Pedrito’ sigue sonriendo en un rincón de Pachitea

‘Pedrito’ sigue sonriendo en un rincón de Pachitea

Pedrito sonríe cuando prepara el cebiche. Los comensales, al entrar, le saludan, le toman fotos; al salir, lo mismo. “¡Gracias, Pedrito, que se recupere!”.

Teobaldo García Pintado, “Pedrito” en esta historia, está metido en un local de la calle San Martín, en Pachitea, junto al cementerio. Aquí despliega su pasión: hacer cebiche. Pero hace siete meses, una bacteria le afectó el hígado; por poco muere. Esta situación preocupó a toda una región.

Un día, a inicios de mayo de 2017, se sintió mal y terminó en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) de una clínica local. Nunca se supo a ciencia cierta lo que tenía. La familia fue recatada, le hacían misas para su mejoría. Su esposa declaró el 14 de junio:

Los doctores no sabían qué es lo que tenía exactamente; me dijeron que se trataba de una bacteria, que al parecer habita en el ambiente y que comprometió el hígado de mi esposo, pero gracias a Dios ha salido ya de pre UCI y se está recuperando favorablemente“.

Ahora recuperado, Pedrito sigue con esa misma sonrisa calmada frente a sus clientes, aunque no puede hablar aún. Al terminar un plato de cebiche de pescado o conchas negras, solo atina a mirar a sus ayudantes o señalar que ya está, llévelo. Pedrito no ha perdido el toque, la calidad, la sazón. No necesita más.

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Un ayudante suyo, en tanto, dice que su recuperación es positiva, que poco a poco tiene que rehabilitarse y recuperar el habla y el movimiento completo en su cuerpo. Esto no es impedimento para Pedrito, pues bien podría ir a reposar a casa y dejar en su lugar a otro cebichero; sin embargo, él quiere recuperarse haciendo cebiche, haciendo lo que le gusta. Allí, en ese rincón de Pachitea, su ríncón, se siente bien. Su retorno ha sido a lo grande desde hace varias semanas.

Teobaldo García Pintado viste un gorro con su nombre más conocido, un polo celeste y un mandil. Suavemente remueve el pescado, la cebolla y el limón en un recipiente. Los comensales le miran contonearse en su pequeño espacio, un tanto sorpresivos, ansiosos.

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