Papa Francisco: el riesgo del mundo actual

Papa Francisco: el riesgo del mundo actual

Con cuánta razón dijo Jesús, “sin mí, nada podéis hacer”; sin él, el hombre pierde la orientación y sentido de su vida y se torna un energúmeno individualista que no solo pisotea su propia vida, sino que se trae abajo la célula de la sociedad, la familia; cae la célula, cae todo el tejido social.

Algunos marginales, enemigos del bien común han ido hilando muy fino y con astucia diabólica han logrado tejer redes peligrosas que atrapan, encasillan, capturan mentes, lavan cerebros “vendiendo la idea de una equivocada libertad, una libertad encerrada en sí misma, una falsa libertad que, al contrario, esclaviza, tiraniza, degrada y pierde al ser humano, mientras nosotros miramos indolentes la pérdida de muchas vidas, frustración y fracaso de muchos niños, jóvenes y adolescentes. El desenfreno, ese romper los esquemas, esa constante pateadura a la moral, la falta de disciplina, va trayendo consigo sus dolorosas consecuencias, dramas terribles convertidos en nada más que noticia para los medios.

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Protágoras dijo “El hombre es la medida de todas las cosas”, un postulado mal entendido por el que algunos enfrentan al hombre contra Dios; la muerte de Dios declarada por Friedrich Nietzsche; no obstante, ese veneno que se difunde al negar a Dios, pretendiendo con ello la primacía del hombre, no va logrando sino, acabar con el hombre; y, una gran contradicción: se relativiza lo absoluto y, al mismo tiempo, se absolutiza lo relativo.

Por eso traemos a colación esta oportuna y gran catequesis del papa en su primera Exhortación Apostólica “Evagelii Gaudium”: “El gran riesgo del mundo actual, con su múltiple y abrumadora oferta de consumo, es una tristeza individualista que brota del corazón cómodo y avaro, de la búsqueda enfermiza de placeres superficiales, de la conciencia aislada. Cuando la vida interior se clausura en los propios intereses, ya no hay espacio para los demás, ya no entran los pobres, ya no se escucha la voz de Dios, ya no se goza la dulce alegría de su amor, ya no palpita el entusiasmo por hacer el bien. Los creyentes también corren ese riesgo, cierto y permanente” (n. 2).


Escrito por: Miguel Medina Pacherre
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Miguel Medina Pacherre

Miguel Medina Pacherre

Sacerdote. Párroco de Nuestra Señora de Guadalupe.