Palabra de honor

Palabra de honor

Hace algunas décadas se acostumbraba decir “te doy mi palabra de honor” o “palabra de hombre” como una garantía de compromiso. Decirlo era la palabra empeñada. Santa palabra. Lo que se dice se hace, de lo contrario te censura la sociedad, los amigos y (lo que es peor) tu propia conciencia. Por desgracia esto ya no sucede, pues la palabra empeñada ha pasado, a lo sumo, a la categoría de expresión de buenas intenciones.

Mahatma Gandhi aconsejaba: “Nunca te disculpes por ser correcto o por estar años delante de tu tiempo. Si estás en lo cierto y lo sabes, que hable tu razón. Incluso si eres una minoría de uno solo, la verdad sigue siendo la verdad”. ¿Se imaginan cuánto podría mejorar nuestra sociedad si respetásemos siempre nuestra palabra? Pues ganaríamos un activo valiosísimo y muy escaso en estos días: la confianza.

Es una cadena que favorece también el bienestar económico, siendo que la economía funciona en base a expectativas. Si el Gobierno adquiere la fama de respetar sus promesas y realmente busca ser consecuente y emprende sus planes, esto genera confianza y si hay confianza hay inversión, si hay inversión hay crecimiento, desarrollo y bienestar. El círculo virtuoso ideal.

Quienes hemos sido criados en familias con principios y valores recordaremos nuestra niñez, cuando nuestros padres o maestros nos decían: “si ya has ofrecido tu palabra no puedes cambiarla”. Un elemental principio de coherencia cuya violación se penalizaba con algún castigo físico o un pesado cargo de conciencia. Siempre nos lo repetían: “lo prometido es deuda” o “piensa bien antes de comprometerte porque si no cumples tu palabra no vale nada”.

Repitiendo estas sencillas enseñanzas de una generación a otra los jóvenes van formando su carácter y establecen la confianza, esencia de las relaciones. Todas las actividades humanas y los afectos se fundan en la credibilidad y en la buena fe. Si uno ofrece y el otro acepta la oferta, entonces nuestras libres voluntades han establecido un contrato aunque no exista documento.

La palabra empeñada y cumplida en obras marca la buena reputación, un activo invalorable. Tus palabras dicen quién pretendes ser. Tus acciones dicen quién vienes siendo.


Escrito por: Joaquín Schwalb Helguero
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Joaquín Schwalb Helguero

Joaquín Schwalb Helguero

Colaborador de El Tiempo.